CARLOS ROMAGUERA Y JUAN MAYÍ, “CON-JUNCIONES” EN EL MUSEO DE LAS CASAS REALES

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El conjunto está impecablemente presentado en una extensión visual que cada uno de estos artistas marca con su propia propuesta y personalidad.
Juan Mayí confirma una vez más su maestría en el trazo y su fuga en la composición, muestra toda la capacidad de ejecución que manifiesta en sus obras, con equilibrio enespacio, en el color y en la materia.
Cada obra expuesta, señala una limpieza en la composición admirable. Al igual que nos puede impactar un buen libro o un buen concierto, su obra “Acción-Construcción” realizada sobre papel parte de una primera etapa donde la tinta y la acuarela formalizan un territorio humano terrenal muy y anclado a la vida con una sensación epidérmica de una piel marcada con una perforación de sensaciones que surgen de un sentimiento desde el taller.
Artista a tiempo completo logra el resultado de una obra que está empujada por una búsqueda exigente. Hoy, su obra goza de sus propios méritos, de gran dominio profesional, limpia y segura de una factura única y exclusiva. La perforación en el papel de un puntillismo que marca un vacío dentro de la materia, nos lleva a pensar que estamos en un universo en gestación entre tierra y aire, lleno y vacío, que el artista sabe señalar con una sutil habilidad en la construcción de la idea visual. Mayí es justamente como Magritte, él también es un artista que piensa, con la exigencia de quien se nutre de un conocimiento propio para lograr en el espacio visual sus planteamientos sobre el espacio y el tiempo. Así como ha intentado penetrar con punta la tierra en sus composiciones de “Flotantes Sumergidos”, tenemos un estado de flotación de dos niveles en el que en un fondo marino o celeste se evidencia un elemento que marca en relieve sobre un refuerzo del espectro de sombras cuatro puntos rojos de un simbolismo gráfico que alcanza una variación de interpretaciones formales y místicas, desde los cuatro puntos de la cruz,hasta las gotas de sangre de los clavos surgidos para salvarnos en este mundo.
Es este “Encuentro de dos”,un diálogo abierto sobre el abstraccionismo cuyas trayectorias profesionales y académicas son distintas, que proporcionan una diversidad de miradas.
Carlos Romaguera, llega a la carrera artista después de un proceso existencial nutrido por sus etapas espirituales de meditación y pensamiento, es autodidacta, con una apropiación específica del arte como manifiesto del alma.No viene a la obra por la academia, sino por las incidencias de la vida.Nos comenta que fue en el contacto con la arena, que encontró el punto. Es de ahí que surge su puntillismo, no como técnica académica, pero sí como ocurrencia de lenguaje visual que trasciende y llega del pensamiento existencial y espiritual para discernir un estado de ánimo. Una situación diríamos cósmica y una situación filosófica frente al existir. Desde un punto de vista a la percepción técnica, podríamos decir que su obra significa el recurso del puntillismo, fuera de la tradición académica, el puntillismo,como camino.
En esta exhibición “CON-JUNCIONES” percibimos una relación formal de composición abstracta o significante de una visión cósmica y estelar. Qué significa el punto en esta obra, sencillamente una acumulación de un lenguaje y una semántica visual que se ordena no de manera abstracta, sino de manera simbólica. La punta como símbolo de una pulsión. Así, multiplicada la punta y el punto crean una tesitura, una composición en la que impera el fulgor del color. Estamos frente a colores rojos, ocres, tierra. Es obvio que es una obra existencial por no decir existencialista.
Cuando un artista se manifiesta a través del pensamiento y convierte la idea en obra visual, en obra plástica, nos pone a repensar el concepto del arte si realmente partimos de un arte académico o un arte autodidacta transcribir la idea en el campo visual. En este caso tenemos un artista con intención pensada. Es un puntillismo de una métrica de la idea, que se conjuga con una diversidad de colores dentro de un espacio que poco a poco va tomando territorios cromáticos. Como llegamos al rojo, como cuando llegamos al amarillo o cuando llegamos al espacio negro, entramos en segmentos del pensamiento. Pensamos que la obra de Romaguera es una obra abstraccionista desde la perspectiva formal de la abstracción, pero, de un abstraccionismo expresivo y filosófico que nos pone frente al espacio a pensar el universo…
Cuando estamos frente a “Difraxión de memoria”, sentimos la impresión de estar frente a los dibujos de uno de los primeros neurocientistas de pasados siglos. Esas porciones de anatomía cerebral en gris nos dejan las huellas del cerebro humano frente a lo inesperado de la existencia. Tenemos un equilibrio extraordinario en la composición, una especie de geografía mental que se impone en la anatomía del cosmos.
La punta es la molécula y poco a poco entramos en el tejido hematológico de la existencia, la tela se impone como una plaqueta de vivencia anatómica. “Sangre”, es una obra profundamente lírica donde el rojo viene a compartir el espacio entre marrón y gris, entre una especie diseño existencial donde la punta es la metáfora del globo.
En el tríptico “Metamorfosis” seguimos con el planteamiento orgánico de Romaguera, haciendo del punto un elemento anatómico, pero va más allá porque de repente aparece la eficacia y la alegoría de un color azul. Sería ese azul el alcance del existir terrenal hacia el existir terrestre. El planteamiento se mantiene en lo que ya hemos evidenciado una obra cósmica cuya lectura nos lleva a la codificación de la espiritualidad como instrumento posible de la creación. En el fondo, ¿ cuál es el duende del artista Romaguera? Considero que el duende es esa función y fusión espiritual que le permite llegar a la obra, como bien decía Vladimir Jankelevitch “el yo no sé qué de inexplicable”
Otros interesantes aportes de esta exhibición “CON-JUNCIONES” es que justamente toda la fuerza del abstraccionismo está en ese diálogo posible con un artista dominicano como Juan Mayí, que ha demostrado desde hace tres décadas ser uno de los más apasionantes artistas del abstraccionismo, expresionista y lírico. El fulgor, la fuerza, el ánimo existencial de Mayí en el gesto, el broche taje, la línea viene a conjugarse con una obra como la de Romaguera incitada por el exclusivo pensamiento espiritual. Indudablemente, Mayí, es un artista de una formación académica incuestionable. Lo hemos conocido en el taller parisino que ocupó en los años 90 y sabemos la especificidad y singularidad de su abstraccionismo. Ahora bien, nos ha impresionado el trabajo aquí presentado que invita a un diálogo con el puntillismo de Romaguera. Se trata de sus trabajos sobre papel donde se clava el punto dentro de un papel orgánico en un fondo monocrómico y se revela no la punta, sino la incisión. Los trabajos de Mayí, como por ejemplo “Acción construcción”, significa que presenta con tinta, acuarela y papel Archè tfrancés, ofrece una composición martillada, en unos fondos cromáticos de una gran alegoría terrenal. La exhibición aquí presentada tiene también un elemento muy interesante en la obra de Juan Mayí que son todos los trabajos flotantes sumergidos. Es un trabajo del punto de flotación, trabajos sobre papel donde el artista compone con un dominio extraordinario dela tesitura, dos efectos de relieve, el territorio llano abstraccionista del trazó pictórico con la elevación de un detalle puesto en evidencia que es el detalle sumergido.