CARRETERA X

http://hoy.com.do/image/article/302/460x390/0/24A7F8A1-F87C-4888-BC48-0BE236EDE8F7.jpeg

Estas sí, aquellas no… “poi qué, poi qué”

Entre las curiosas curiosidades que uno se encuentra por estas carreteras está lo de la “seguridad”, representada a veces por una valla enorme, alta y hasta con verja electrificada; otras veces por una simple alambrada de púas; otras por un morenomático con gafas oscuras y pistola; y otras veces… nada, simplemente está el objeto de la seguridad ahí, pero seguro.

Por ejemplo, (vean la foto) aquí aparece una zona ocupada por viviendas. Alguitas viviendas bien construidas y otras que son una mierda de casas, con un común denominador: todo es caótico. Y justo al lado, una zona cercada en su mayor parte por una pared, que no es más que eso, una pared, saltable, violable, rompible, volable y cruzable pared.

Donde están las casas es propiedad del Estado, del ESTADO DOMINICANO. Donde no hay casas es propiedad privada… de alguien. Sin embargo, a la hora de invadir propiedades resulta que son las propiedades del Estado Dominicano las más invadidas. Veamos ahora las diferencias, o la diferencia, si queremos llevarla a una sola.

¿Quién debe impedir que la propiedad privada que vemos en la foto sea invadida? Pues alguna compañía privada de guardianes, o algunos serenos, o alguien pagado para ello por el propietario. Pues muy bien.

Ahora, ¿quién debe impedir que la propiedad del Estado Dominicano que vemos en la foto sea invadida? Pues, la Policía Nacional, el Ejército Nacional, la Marina de Guerra, la Aviación Militar Dominicana, las fuerzas especiales de Cimarrones, de SWATS, los servicios de seguridad nacionales, etcétera, etcétera.

Es decir, que todas las fuerzas armadas juntas del país no pueden impedir la invasión de los terrenos del Estado, pero cualquier sereno sí puede impedir que se invada una propiedad privada. ¿Alguien puede explicar semejante vaina?

Lo que es del Estado Dominicano, que equivale a ser propiedad del pueblo dominicano, de los ciudadanos dominicanos, que son los bienes de la Nación, no pueden ser protegidos por todos los organismos castrenses del país. Pero lo que es propiedad privada hasta con un letrero queda protegida.

La cosa pudiera quedar explicada con una simple frase: son los mismos que deben protegerlas los que las ocupan y la roban.

Pero no es tan simple como eso. En nuestras andanzas por ahí nos hemos encontrado con que los primeros ocupantes ilegales son militares, y que normalmente son autorizados de boca a ocupar tierras y propiedades estatales por altos mandos. Lo que viene a ser como que la ocupación ilegal de uno o varios solares del Estado es uno de los beneficios que se derivan de la condición de militar del que se engancha. Pero esto no se queda así, se hincha.

El asunto luego se extendió a gobernadores (y gobernadoras –cuestión de género-), quienes autorizan invasiones siempre y cuando se les separen algunos solares y que queden “bajo cuerda”. Y se hincha más, los congresistas aupan ocupaciones, los dirigentes políticos también, y se arma toda una barahúnda de mierda que no hay quien vea luego cómo diablos es que va a resolverse el asunto, porque todo el mundo quiere solares, quiere tierras, quiere propiedades, pero sin pagar. Todo el mundo quiere tener, pero sin comprar.

¿Habrá que esperar algún día un régimen de fuerza que decida darle un maldito purgante a esta sociedad?

VEAN

Lo que ven en la foto son las primeras ocupaciones al borde de la nueva (ni siquiera va a la mitad) carretera que unirá a Santo Domingo con Samaná.

Esta carretera se ha anunciado como una solución al largo recorrido que ha significado moverse hasta Samaná, cierto. Esta carretera se ha anunciado como una joya de la arquitectura vial, muy bien. Esta carretera dinamizaría la industria turística interna, excelente. Esta carretera llevaría al turismo rapidísimo a través de hermosos… ¡hermosos qué! ¿Serán hermosos parajes y contornos con todas esas casuchas y letrinas a todo lo largo de la carretera?

¡Es comenzando que están! Aprovecharon la Semana Santa para ocupar terrenos a la vista de todo el mundo que pasaba por ahí, militares y otras autoridades. Pero lo más probable es que cuando los vieron tuvieron la idea de que alguien les separe un solarcito también, para negociarlo luego con algún proyecto de parador turístico de la nueva carretera.

¿Y en qué otra cosa se puede pensar? ¿Cuándo intervendrían las autoridades para evitar que se arrabalicen los bordes y entorno de la nueva carretera a Samaná? ¿Cuándo el año que viene haya que negociar porque se trata de “padres de familia que tienen 20 años con sus casas construidas aquí”, y la prensa se escandalice por los “abusos contra pobres infelices”? ¡Pero en qué nación es que nos hemos convertido!

El tapón crepuscular

La carretera que lleva a Verón, Punta Cana, Bávaro y otros lugares del Higüey que perdió la virgen, pasa por La Otra Banda, un poblado caracterizado por sus chicharrones de leche en almíbar, sus carnes de res colgando como camisas y sábanas agarrando todo el humo y polvo, las mil y una bancas de juego, y por haberse convertido en el embudo obligatorio entre Higüey y la zona turística.

Cualquier zapato olvidado en medio de la carretera causa un tapón en La Otra Banda que obliga a paralizar por horas el tránsito.

A veces no es un zapato olvidado. A veces es algún vehículo dañado, como ocurrióme el miércoles pasado.

Yo venía de una cueva en los quintos infiernos de Verón. Jodido mentalmente por los desmontes que se están haciendo por ahí, cuando me encuentro este tapón con todo un hermoso crepúsculo de fondo… pues nada, me dije, esperar un poco.

¿Un poco? ¿Un poco? Desde las 5:30 de la tarde hasta las 8 y algo de la noche para poder llegar a Higüey. Y todo porque a un camión grúa se le ocurrió rompérsele no sé que porquería de pieza, y nada, no podían moverlo.

Y lo graciosos que se veían cientos de turistas en sus buses viniendo desde el aeropuerto, cansados como perros del desierto, con diez horas de vuelo desde Europa, locos por llegar a tumbarse en sus camas, hartos ya del país y todavía no habían llegado.

Detalles de la ciudad

Ustedes que no creían que llegaría el tiempo en que hasta el aire se vendería. Pues ahí lo tienen. En la estación gasolinera “La Higüeyana”, a la entrada del Higüey mismo, está este puesto de venta de aire.

Pero lo más interesante es lo que sigue. Usted mete una moneda de 5 pesos y trata de ponerle aire a una llanta de su vehículo –que ya habrán adivinado ustedes para qué es este aire- pero no, no sale nada. El único aire que usted tendrá por sus cinco pesos es el que está respirando ahí, parado como un imbécil con la manguerita en la mano.

Y entonces voy a buscar a que alguien me responda por lo que ya voy viendo que es un robo. Un empleado me dice que le pregunte al encargado de seguridad. Éste va conmigo hasta el moderno artilugio y me explica –si es que a esto puede llamársele explicación-: “Oiga, a cada rato usted ve a alguien dándole trompadas a esta máquina, porque ella no echa aire ni tampoco devuelve los cinco pesos”.

Y no pasan dos minutos cuando llega otra persona a la máquina (y yo documentando el asunto), mete sus cinco pesos, intenta echar aire a la llanta, mira la boquilla de la manguera, y la boquilla lo mira a él con su único ojo y su pupila de bronce, donde se puede apreciar la mirada de risa de la máquina.