Carroña llamada DR-Cafta

JOSÉ B. GAUTIER
El tratado internacional de libre comercio entre países regionales denominado DR-Cafta donde hay uno entre todos, -los USAmerica,- que es diferente entre iguales, hiede a carroña de comienzo a fin, producto de la corrupción y el entreguismo.

Dudo que el Congreso Nacional que aprobó este tratado internacional de libre comercio, el mismo que restableció por ley en una Asamblea Nacional revisora de la Constitución, la reelección presidencial, tuviera suficiente calidad moral para vender el futuro económico y social de la República Dominicana al poder extranjero, imponiendo más sacrificios, sudor y lágrimas a su pueblo. Multiplicando el hambre y la miseria. Aumentando el analfabetismo y las enfermedades. Propiciando la inseguridad, la violencia y el caos.

El voto de repudio sufrido en las urnas electorales por la mayoría de sus autores, senadores y diputados, el pasado 16 de mayo, confirman mi razonamiento.

El presente Poder Ejecutivo con su flamante Congreso Nacional elegidos por el pueblo dominicano deben tomar nota y no darnos más de lo mismo.

Como productor agropecuario estoy en contra de la puesta en vigencia del tratado internacional de libre comercio llamado “DR-Cafta”, mientras USAmerica mantenga su política de subsidios a sus agricultores productores de alimentos para consumo interno y de exportación; el uso masivo de mano de obra ilegal extranjera en su producción agrícola, deprimiendo los precios laborales de mercado y los de bienes de consumo; el dumping con ayuda gubernamental (donaciones, préstamos) de sus excedentes agrícolas a los países pobres, haciendo imposible localmente la competencia con productos agropecuarios extranjeros subsidiados.

Este acuerdo multinacional sólo beneficia a pequeñas minorías políticas y empresariales nacionales salvajemente enquistadas en el poder político.

El mismo lo creo lesivo a los intereses nacionales y en particular para todos esos hombres y mujeres que trabajan y viven del producto de la tierra.

Hablo a nombre de esos cientos de miles de trabajadores analfabetos que no pueden hablar, ni tienen quien los defienda.

Los agricultores y campesinos de este país hemos sido una vez más penalizados por las ambiciones desmedidas de riqueza y poder de políticos continuistas, empresarios privilegiados de la banca, del comercio y de la industria y comerciantes exportadores e importadores.

Ya lo hicieron en 1972 al desaparecer la tiranía trujillista con Balaguer en el poder al promulgar un paquete de absurdas leyes agrarias, que destruyó una independiente Revolución Verde democrática, basada en el respeto a la propiedad privada y la libre empresa agrícola y a una verdadera ley de mercado de oferta y demanda. Surge, entre otras políticas absurdas para frenar su desarrollo, el control de precios, el recargo cambiario, y los impuestos selectivos de exportación al café, al cacao, al tabaco, a los víveres, a las frutas, como medidas disuasivas a su producción.

Investido el Estado dominicano como en los países con regímenes comunistas, propietario de todos los medios de producción, -como productor agropecuario monopolista, dueño de la tierra con vocación agrícola, ganadera y forestal, para trabajarla, el Estado optó por la importación masiva e ilegal de mano de obra haitiana, para producir azúcar, banana, tomates, arroz, marginando la dominicana.

Esto provocó el empobrecimiento brutal de la población trabajadora rural dominicana desempleada y desprotegida. Emigrar a engrosar cinturones de miseria en ciudades y pueblos o largarse al extranjero hasta en yola fue la consigna para sobrevivir.

De un país con autosuficiencia alimenticia en 1972, repito, pasamos a importar toda la comida (arroz, grasas, vegetales,leche, tabaco y plátanos y mil etc. más), y bienes de consumo de todo género, con préstamos (recuerden la PL480) de una deuda externa impagable y más endeudamientos, pago de intereses de capital y hasta de donaciones como verdaderas limosnas a pordioseros.

Llegaron los controles. La inseguridad. Se entronizó el modelo de un Estado corrompido, con un gobierno continuista corruptor.

Se desplomó la producción. Y miren donde estamos. Hechos trizas en un país fallido, con instituciones tambaleantes, en una nación en vías de disolución.

Se abre un nuevo ciclo. El viejo modelo se agotó. ¿Cómo seguir explotando al pueblo dominicano?

Ahora repetimos tropezando con la misma piedra para benéfico de los mismos verdugos, la vieja pesadilla de un nuevo amanecer ampliado por consenso de todos los partidos políticos: las tradicionales auras tiñosas carroñeras nacionales vuelven a volar en las alturas a través de la DR-Cafta, para saciarse de la podredumbre que provocan.