Carta a mi hijo economista

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Mi querido Omar: en julio del 2010, te escribí en esta columna dominical una carta, en esa oportunidad te graduabas en la Universidad de Manchester en una especialidad como economista, con los máximos honores que otorga esa universidad inglesa. Hoy vuelve mi alma a rebosarse de gran orgullo y satisfacción, pues recibes en el Banco Popular donde laboras, el reconocimiento como gerente distinguido. Con la venia de mis amables lectores, cito debajo lo que dije hace ya unos años.
“Hoy quiero yo, tu orgulloso padre, dirigirme a mi hijo crecido, ya en condición de “especialista”, en esta ciencia del saber que abarca al sujeto y los números, y que por conocerte muy bien sé que no eres amigo ni de la mediocridad ni del oropel. De ambas cosas doy fe; pues desde tu temprana infancia lograste los primeros lugares en todo lo que te proponías, siempre con gran humildad”.
“En tu ejercicio como economista, sé que te esperan retos de importancia, son muchas las complejidades que encierra tu profesión de administrador-consultor, que van desde las inversiones económicas hasta cuestiones sociales. El futuro implica siempre visión y previsión. Vivir en trance de futuro, es vivir plenamente el presente. La economía, es como la vida, cambia constantemente, es una expedición progresiva. Lo de hoy es una marcha inicial en tu campo profesional, sabiendo que toda acción necesita de manera lógica una filosofía que oriente esa acción, como un quehacer que no esté distanciado nunca de un correcto orden conductual, eficiente y honorable”.
Hoy, al paso de los años, se te reconoce por tu obra de vida personal y profesional, como un personaje de demostrada eficacia técnica por la entidad bancaria privada más importante del país, el Banco Popular. Lo que te pedí hijo mío hace 7 años, lo has cumplido a cabalidad, diría yo que con creces y lo más relevante es que lo has sustentado sobre valores decorosos. Este premio, es clara evidencia de que te has conducido por los senderos del bien, la conducta profesional correcta y una gran brillantez intelectual, con la fuerza suficiente, para instaurar con rectitud el escenario de tu propia existencia.
La satisfacción de todos nosotros en la familia y tus amigos, no es solo por el hecho de tus numerosos éxitos profesionales, sino que esto va aunado a un sentido de conducta racional, humana y moral, en esta sociedad actual con tantas carencias en los órdenes éticos y morales. La vida digna, exige mucha fuerza y coraje para soportar los embates de la vida, pero bien sabes que el valor íntegro, representa el dominio de la inteligencia sobre las limitaciones y las tentaciones a las que nos someten las circunstancias.
No olvides nunca que las más difíciles empresas se han realizado por quienes saben armarse de valor, para lograr sus propósitos principalmente procurando una vida sustentada en valores. Sigue siendo el profesional de correcto proceder que eres, pues quienes se convierten en marionetas de las deshilachadas tramoyas de las bajas pasiones humanas, esos errados, jamás dejan de llevar las tristes e indelebles cicatrices del deshonor, por más encumbrados que las circunstancias los hayan colocado. “Los Silié agrandados” no sentimos refulgentes porque haces honor a tu refinada estirpe familiar, donde no solo está presente la inteligencia, sino una ya demostrada lucidez mental superior. Aceptamos que es un reconocimiento al legado ético de las conductas respetables y de las actuaciones intachables de todos tus ancestros. Sabemos que este pesado legado de decencia “te enclaustra”, haciéndote compromisario con nuestra prosapia familiar de respetabilidad, exigiéndote a ti responsabilidades decorosas frente a toda la sociedad. No olvides nunca, que el legado más valioso que le podrás dejar a tus descendientes, son las 4 “H” de la dignidad: honorabilidad, honradez, humildad y una hombría de bien. Con todo el cariño del mundo ¡Tu padre!