Cartas 
Agresiones modernas

Señor director
La vida que llevan los ciudadanos honestos en este país ha ido cada día empobreciéndose. No culparíamos nunca la modernidad, pero como que ya vamos llegando a límites tan insostenibles que un día habrá que, por lo menos, cerrar los ojos para dejar de ver tantos sucesos insólitos y tantas lacras sociales.

Con el nombre de modernidad que tantas cosas excelentes nos ha traído, hemos ido perdiendo tantos caminos y entre ellos sobresalen el de la decencia, del pudor, el de las buenas costumbres, etc., que de no enderezar el rumbo, vislumbramos ya la desintegración como país y la ejecución de con la que ya hemos sido bautizado de “Estado fallido”, tanto moral como físico.

En aspectos como los derechos humanos hemos descendido tanto que su exigencia y su respeto se convierten diariamente en algo a lo que solo se mencionan en programas de radio y televisión, los que una vez terminados se olvidan. La sola enumeración de hechos cotidianos sería una cadena interminable de bochornos a los ciudadanos formados con un criterio de apego a las leyes y la moral. Es el primer ejemplo, que vemos a diario sucede con programas interactivos radiales y televisivos, donde se ofende a todo el que logra “entrar” a los mismos. Los personajes que dirigen esos programas tienen el derecho a insultar, decir palabrotas que ni en privado nos atreveríamos a mencionar. Alaban y endiosan de forma cínica a personas que todo el mundo conoce y lo grande es que los endiosados llegan a creerse los calificativos que les endilgan de manera bufónica. Son en una palabra asesinos de reputaciones. Aún no puedo explicarme cómo una persona que se respete se baja tanto en lo personal para permitir semejante trato por emisoras que tienen indiscutiblemente un extraordinario auditorio nacional e internacional. Eso no es radio.

Cosas como que esas hubieran llenado de vergüenza a nuestros ancestros, pero la modernidad nos ha hecho insensible. Pero si esto nos irrita, lo que está ocurriendo con los llamados “Bureau de Crédito” (Data Crédito y Cicla, creo que se llaman), es lo que llamo el colmo de los colmos. Creo que ya si hemos llegado donde íbamos; la privacidad que entendíamos como un derecho del ser humano, ya ha pasado a mejor vida. No he consultado a técnicos en la materia, pero el sentido común me dice que debe estarse violando alguna ley, porque no es posible lo que se está dando con los mismos.

En ese listado de nombres usted aparece registrado (no importa si debe o no) con todos sus datos, hijos, esposa, direcciones, teléfonos, y aparece la más mínima operación monetaria que se haya hecho. Creo que el único dato que no aparece es su preferencia sexual. Aprendí que nadie tiene derecho a manejar, manipular y conocer datos personales sin el consentimiento de la misma. Es como si desnudaran a las personas en público. Confieso que estaba equivocado. Repito que desconozco las bases legales que tienen estas instituciones para tener esos datos y que a la vez, sean asequibles al público. Si existe ese derecho, me atrevo a asegurar que se pasan de la raya. Total, aquí no hay respeto por la ley, a pesar de las múltiples superintendencias, fiscales y supervisores que lo único que hacen es coger lo suyo, pero e’palante que vamos…

Solicitar alguna medida a las entidades responsables o a la caricatura de justicia que nos damos, es una forma de perder el tiempo. Si con esto ofendo a alguien, lo sentimos, pero pueden demostrar lo contrario tomando los correctivos de lugar en estos dos eventos que estamos viviendo y que son del dominio público. Adelante, pues.


Atentamente,
Dr. Luis Fco. Oviedo Moquete