CARTAS AL DIRECTOR
A Maritza Amalia

Señor director:
Favor de publicar este articulo que dedico a la memoria de Maritza Amalia Guerrero y Eduardo Latorre.
“Querida amiga:
“Tuve la dicha de conocerte a principios de la década de los ochenta, trabajando los mismos temas que nos han ocupado y apasionado en estos últimos años: los acuerdos comerciales.

“Desde ese tiempo nos hicimos amigas y esa amistad fue creciendo hasta ser la hermandad que hoy es.

“Ser tu amiga es un privilegio, por el que agradezco a Dios. Eras muy reservada; sin embargo, no tenías que hablar pues tus acciones y ejemplo de vida mostraban cada día los valores que regían tu vida y el amor por las personas que tocaban tu corazón; lo cual, por tu bondad e ingenuidad, era muy fácil.

“Como regla de vida eras leal a los amigos y a las instituciones a quienes entregaste tu brillantez, tu capacidad de trabajo y, sobre todo, tu corazón.

“Tu humildad rayaba en la exageración. No buscabas reconocimientos pero nunca se los regateaste a tus colaboradores.

“Con tus acciones me hiciste revisar, permanentemente, mi forma de ver los hechos y actuar en consecuencia.

“Durante nuestro tiempo en la Oficina del Ordenador de Lome te creciste ante mis ojos y mi respeto fue mayor. No sólo por tu entrega, dedicación y actitud frente al cambio (ya eras una experta en la computadora cuando yo ni la tocaba); también y más que nada por tu integridad, por tu discreción, tu respeto a la jerarquía y la valoración de los aportes que Alan, Iván y yo podíamos, humildemente, ofrecerte. Nuestros acostumbrados almuerzos no serán igual, ¡tú no estarás para ponernos al día!

“Tiempo después, gracias a nuestro querido amigo y nunca olvidado Eduardo Latorre tuve la alegría de volver a trabajar junto a ti.

“Compartir la misma área física, que con generosidad me ofreciste, me permitió disponer de tus conocimientos y experiencia a toda hora. Tu prudencia y ojetividad te hicieron mi “guía”. ¡No te imaginas cuántas veces tus consejos acertados llevaron mis decisiones por un mejor camino!

“Amiga querida, si tuviera que usar una sola palabra para describirte sería digna, siempre y hasta el final.

“En lo personal, sentías y querías a mi familia como tuya. Cada uno de los detalles que tuviste para todos los miembros de la familia Contreras Arbaje nos acompañarán siempre.

“Quiero, ahora que me despido de ti, hacerlo también de Eduardo, aunque dos años más tarde. También esto te lo agradezco.

“Los imagino conversando sobre las mejores acciones y decisiones para el país para el futuro del país, más allá de intereses materiales y en la grandeza sus espíritus.

“Dile, por favor, que no hay un día que no evoque sus enseñanzas. La honradez, integridad, decencia, caballerosidad, modestia y nobleza, que lo caracterizaban son ejemplo para todos los que queremos un mejor país.

“Dile, que los años que pasé en la Cancillería junto ustedes y a Minou, Nani, Alejandra, Frederick y Alexandra, entre otros; han sido los más gratificantes de mi vida profesional. Los miembros del “swat team” fueron generosos con sus conocimientos y desde lo profundo de sus corazones, por lo que una simple reunión se convertía en una experiencia maravillosa que nos ofrecía, a todos, nuevas perspectivas para realizar el trabajo y enfrentar la cotidianidad.

“Pero dile, sobre todo, que en este desgastante proceso que es sobrevivir en nuestro terruño, ¡ganamos nosotros! Seguimos cosechando frutos de nuestra hermosa y profunda hermandad a través y a pesar de los años.

“¡Es verdad!… me he quedado sin dos de mis mejores maestros y la patria ha perdido dos ciudadanos ejemplares y modelos a seguir.

“Mi corazón no dejará de llorar la partida de ustedes pero me queda un legado maravilloso, la amistad construida alrededor de un hermoso proyecto de mejor nación, la satisfacción de los años compartidos y el respeto y amor fraternal recíprocos. Gracias a los dos. Siempre.”

Atentamente,

Vilma I. Arbaje