CARTAS AL DIRECTOR
Chacabana y política

Señor director:
“Usted ha eliminado el obligado uso del saco y la corbata y ha impuesto la chacabana en el diario quehacer presidencial,…” le escribió el doctor Antonio Thomén a Hipólito Mejía antes de que éste dejara el poder en una histórica y ácida carta que puso a circular en todo el país vía fax y dada a conocer al mundo a través de Internet. Tenía razón el pariente de Hipólito: nadie se atreverá a poner en duda el mérito del ex gobernante de haber recatado la chacabana de los anaqueles.

La chacabana es originaria de Sancti Spiritus, Cuba, donde se le bautizó como guayabera, nombre por el cual también se conoce en Panamá, México y Puerto Rico.

Era una vestimenta propia de los guajiros, como se les llama a los campesinos en Cuba, quienes tenían la costumbre de llenar los bolsillos con guayabas. En principio, pobladores de todas las clases sociales en los centros urbanos de la Cuba del siglo XIX se resistieron a usarla y era costumbre lanzarles improperios a los guajiros por considerar que parecían mamarrachos al usar el referido atuendo tropical. Sin embargo, a través del tiempo la guayabera se impuso como prenda de vestir.

Ahora bien, el legado ex Presidente de la República Hipólito Mejía tiene su antecedente histórico en Latinoamérica. En su libro Los Presidentes, Julio Scherer García refiere que Luis Echeverría, Presidente de México durante el período 1970-1976, al momento de asumir la primera magistratura de la nación y “ante la mirada atónita del país, Echeverría logró su transfiguración. De un día para otro apareció en escena elocuente, vivaz, desenvuelto. Aprendió a sonreír, perdió peso. Si había sido tieso, arrojaba sacos y corbatas al guardarropa y ponía en circulación la guayabera.

Si su estilo había sido el de un cortesano, el oído al acecho del superior, sus nuevas maneras eran las de un hombre libre.”

Con el afán de reafirmar su condición de acólitos a carta cabal del entonces Jefe del Estado, funcionarios de la pasada administración perredeísta usaban la chacabana como atuendo obligado en actividades públicas y privadas, actitud que no debe sorprender porque igual ocurre con los artistas: cuando Shakira estaba en el climax de su carrera, jóvenes de todas las edades querían vestir, cantar, bailar y hasta usar el peinado de la famosa cantante colombiana.

Muchos dominicanos-que no eran perredeístas-también comenzaron a usarla.

Se trata de una vestimenta masculina que estaba en desuso y el agrónomo Hipólito Mejía la convirtió-quizás sin pretenderlo-en un indicador para medir la aceptación de su gobierno. Era común observar a muchas personas vistiendo chacabana. Incluso, los medios de comunicación dieron cuenta de una visita que hizo al entonces presidente el popular merenguero Toño Rosario vestido con una elegante chacabana marrón oscuro.

Es más, hasta Milagros Ortiz Bosch-quien ocupara la vicepresidencia de la República-la incorporó en su repertorio, algo inusual porque se trata de una prenda de vestir para hombres.

En efecto, el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) tiene establecido en el artículo 141 de su Reglamento de diciembre de 1996 que “En la ceremonia de graduación los y las participantes portarán la vestimenta académica oficial del Instituto. Las damas llevarán vestido blanco y zapatos negros, y los caballeros chacabana blanca con manga larga, pantalón negro y zapatos negros. Ambos llevarán la banda académica, símbolo de la unidad con la comunidad académica de la Institución”.

A diferencia de otros tiempos en que muchos perredeístas ambicionaban pertenecer al anillo palaciego, distanciarse ahora del ex presidente ofrece mejores dividendos: es por esa razón que ya ni (por un) Milagro (s) usa(n) chacabana.

Atentamente,
Raúl Hernández