CARTAS AL DIRECTOR
De LIDAP

Señor director:
Por este medio tenemos a bien comunicarle sobre una confusión de que está siendo objeto nuestra asociación, la LIDAP, en relación con la cobertura que ustedes vienen dando al conflicto surgido entre la Asociación de Empresas de Publicidad Exterior y el Ayuntamiento del Distrito Nacional.

Sucede que cada vez que citan a la Asociación lo hacen mencionándola como “Publicitarias” cuando realmente son empresas que se dedican al alquiler de vallas. Esto ha traído como consecuencia que algunas personas e instituciones nos hayan llamado para indagar si somos nosotros los que participamos del conflicto, y es entendible; al ser nosotros la única Liga Dominicana de Agencias Publicitarias, las personas creen que la situación involucra a las agencias publicitarias cuando no es el caso.

Nuestro pedido es que cuando se reseñe la noticia se cite a las partes correctamente, o sea la Asociación de Empresas de Publicidad Exterior y no “las publicitarias”.

Aprovechamos para comunicarle que en este conflicto nuestro interés es que se resuelvan las diferencias existentes entre las partes.

En espera de que esta situación sea corregida, quedamos de ustedes,

Muy atentamente,
Lorenzo González
Director Ejecutivo

—–

El no francés

Señor director:
Poco más del 56% de los franceses ha rechazado la ratificación del tratado que crea la Constitución Europea. Esto es un acontecimiento político de profundas consecuencias. En primer lugar le da un fuerte golpe al proceso actual de integración de la Unión Europea, pues aunque de manera legal no lo detiene el hecho de que uno de sus motores políticos desde su fundación haya sonado una clarinada de alarma deberá llevar a la reflexión al resto de sus países miembros. Y segundo Francia ha vuelto a ser vanguardista en la demostración de que las instituciones democráticas no son infalibles. Los principales partidos políticos del sistema y la élite burocrática y empresarial de la República Francesa hicieron campaña por el Si y perdieron. Un ex presidente francés presidió la comisión redactora del documento. La Constitución Europea, firmada por los jefes de Estado y de Gobierno de sus 25 países el 29 de octubre del 2004 en Roma, seguirá siendo jurídicamente, un tratado internacional entre estados soberanos. La utilización del término “Constitución” no tiene por objeto ni por efecto crear un estado europeo que sustituiría a los estados miembros dentro del orden jurídico internacional.

Dentro de los puntos más significativos y en ánimo de acercar las instituciones comunitarias a los 453 millones de europeos, podemos destacar la introducción de la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión que ocupa la Segunda Parte del Tratado. Si bien es cierto que dicha valorización del rol de los ciudadanos no remplazará la relación entre los estados por una real “Democracia Participativa”, cierto es que por primera vez se contemplan estos elementos en un Tratado Europeo. Estos elementos han sido decisivos para que europeos como los franceses se muestren contrarios al documento institucional. La idea de una unión comercial siempre ha sido mayoritaria, pero eso no se traduce en un deseo de fusionar identidades nacionales. Y aunque el tratado en cuestión no perseguía eso, si era un paso indudable en esa dirección.

¿Qué significa para la democracia? ¿Qué significa para el Europa? ¿Qué significa para el Mundo? Para la democracia esto constituye un ejemplo de como los gobiernos deben constantemente interactuar con sus ciudadanos. Estos deben comunicarse de manera efectiva con ellos y deben hacerlos partícipes de sus decisiones. Francia con su NO le exige a sus élites una mayor comprensión de las miserias de su pueblo y les reprocha la poca influencia que tiene el ejercicio de su autoridad en su calidad de vida. Como lo hizo en el siglo de las luces, Francia vuelve a poner el dedo en la llaga de un sistema de gobierno que si no es verificado, puede convertirse en un sistema inútil. Para Europa esto significa un paso de avance en la democratización de su proceso de integración. El proceso no se va a detener, se generarán renegociaciones. Alemania, Inglaterra, España, Italia y otros no le verán mucho sentido a una Europa que no incorpore a un país como Francia. Para el mundo esto constituye una oportunidad para que las élites de todas partes se sensibilicen y decidan de una vez y por todas dedicarse a hacer partícipes a sus semejantes de las ventajas de las que son detentadores. Un mundo de iguales es una utopía, pero un mundo muy desigual es una bomba de tiempo.

Atentamente,
Eduardo Sanz Lovatón