CARTAS AL DIRECTOR
JB no tiene quien le escriba

Señor director:
La figura histórica de Balaguer tiene más detractores que defensores. Pocos historiadores han sido justos con él. Otros tantos son muy parcos cuando se trata de reconocer el lugar que debe asignarse al más grande estadista dominicano del Siglo XX. El propio Balaguer tuvo que convivir y asimilar la poca simpatía o el odio que despertaban sus ejecutorias entre cronistas, cineastas, libretistas e “historiadores” de la llamada izquierda revolucionaria.

René Fortunato y Jimmy Sierra hicieron de su aversión un oficio que, para ellos, ha devenido en muy rentables, sin importar que su trabajo carezca de rigor y la seriedad que demanda construir y relatar la historia. La denuncia hecha por George Rodríguez sobre el poco serio y parcializado audiovisual de Jimmy Sierra sirve para alertar a la Fundación Global y al organismo estatal que patrocina esta barbaridad. También para que los propios reformistas hagan un alto en sus confrontaciones internas para revisar cuál es el compromiso que deben asumir como herederos políticos de Balaguer.

La denuncia es útil y expone una preocupación. Pero hay que preguntarse, aparte Héctor Pérez Reyes, gran apologista de Balaguer, ¿cuántos historiadores cercanos a él se han ocupado de defenderlo y explicar o justificar el rol que debió jugar este gran estadista pocos años después de una prolongada dictadura y, meses después, entre los escombros de una guerra civil? ¿Cuántos empresarios o dirigentes han puesto empeño para que los que ejercen el oficio de escribir la historia sean con este gran hombre tan objetivos como permitan sus pasiones y compromisos políticos? No es suficiente enfrentar a quienes han hecho del antibalaguerismo un oficio muy rentable en términos económicos y políticos. Es necesario llenar un espacio, de manera sostenida, con el vigor que facilita el manejo de la verdad objetiva y la razón. Federico Henríquez ha publicado varios ensayos en los que reconoce los aportes de este caudillo en su justa dimensión. El historiador Manuel Núñez tiene en carpeta los apuntes para la realización de un documental que guarda un respeto por la memoria y ejecutoria de Balaguer.

Detractarlo ha sido rentable, y más aún en el campo político. Porque hay que llenarse de valor para entrar a una escuela pública o colegio privado con ánimos de defenderlo. Nueve de cada diez, para no decir todos los jóvenes con menos de veinte años, tienen la creencia de que “es un asesino y dictador”. Creen que “mató a Orlando Martínez y a Mamá Tingó”. Eso es lo que oyen decir y leen cada día. Pero todos los que hemos tenido y/o tuvimos una vida productiva -o por lo menos activa- durante los gobiernos de Balaguer sabemos que el mandatario reformista no dispuso los crímenes cuya autoría le atribuyen. Que Orlando quedó atrapado en medio de las disputas de dos bandas militares con una notable vigencia entonces. Que Mamá Tingó cayó a manos de un vigilante privado o capataz sin nada que ver con las fuerzas represivas del Estado.

Cada cual a lo suyo. Los que producen sus trabajos, panfletarios o no, a sus negocios, que no es otro que venderlos o encontrar patrocinadores de su rentable “producción intelectual”. Toca a los políticos sacar provecho de lo que se diga o no de Balaguer u otros líderes. La exaltación de la figura histórica de Balaguer beneficia directamente, en términos de votos, a los reformistas. Hundido el gran gobernante en el descrédito y la infamia, como ocurre ahora ante la indiferencia de sus beneficiarios y herederos, también se hunde el Reformista en una tercera posición reservada y utilizada sólo para beneficiar a negociadores. Podemos y debemos reclamarle al presidente Leonel Fernández gratitud y respeto por el líder reformista. Entendiendo, por supuesto, que el Presidente, como todo político exitoso, acucioso y sagaz que lo es-, debe haber analizado las ventajas y desventajas de proteger y promover o no la imagen de Balaguer. La figura emblemática de su partido es la de Bosch, así como la de Peña es el mayor activo de los perredeístas.

Corresponde a los reformistas, desde luego, rescatar teorías y acciones ya promovidas en torno a su líder. Hay más de un proyecto de difusión y defensa, incluyendo el de Manuel Núñez, que no han prosperado, primero porque a nadie les interesa ni parece importarle; y, y segundo, porque no aparecen los recursos que demanda su realización. Y uno se pregunta ¿cómo es posible que un gobernante que auspició a toda una casta empresarial, que diera paso a una nueva generación de dirigentes políticos, ahora en el poder y que respaldara a centenares de profesionales exitosos, no encuentre a nadie que le escriba?

Atentamente,
Eduardo Alvarez