CARTAS AL DIRECTOR
Juan Pablo II

Señor director:
Con la muerte del Papa Juan Pablo II se abre para la Iglesia Católica y el cristianismo en general uno de sus capítulos más gloriosos y luminosos, pues este Papa ha de ser recordado como un constructor de puentes y como el continuador de las grandes transformaciones de la iglesia romana, que se iniciara con la apertura, y el permitir la penetración de una brisa fresca iniciada por Juan XXIII, iniciativas que fueron asumidas por este hombre de fe, que conocía en carne propia el discrimen, la marginalidad y la persecución, lo cual le permitió conocer en sus propias entrañas a los misántropos del comunismo y del capitalismo y tildar a ambos de imperialismos, a la vez que señalaba al cristianismo como una doctrina de vida.

Fue por la predicación de esa verdad que sólo se encuentra en Jesucristo, que Juan Pablo II se convirtió en un Papa viajero y peregrino, que sus más de 130 viajes alrededor del mundo le permitieron visitar los cinco continentes y predicar el evangelio de la Paz, el Amor y la Confraternidad entre los hombres que habitan una casa dividida, sin importar que ese hogar quede en Madagascar, Cuba, Palestina, Polonia, Nigeria, Filipinas, EE.UU., México, Nicaragua, Italia o la magna Rusia.

El mensaje que este seguidor de Cristo llevaba en sus labios era de perdón, perdón en tiempo activo y pasivo, en pretérito y actual. Juan Pablo II no sólo predicó el perdón, sino que lo vivió cuando un extremista turco quiso terminar con sus días en la Plaza San Pedro; este hombre de amor, de fe y de esperanza, fue a visitar a su agresor en la cárcel donde aún se encuentra recluido y le confirió el perdón y la absolución por el hecho cometido contra su persona; también pidió perdón por los crímenes perpetrados por la iglesia en el tribunal de la Santa Inquisición contra protestantes y supuestos herejes; pidió perdón por el silencio de la iglesia contra los aborígenes de América ante los abusos y maltrato infringidos por los conquistadores; pidió perdón por el holocausto judío cometido por la Alemania nazi, holocausto hasta cierto sentido alentado por la Iglesia Católica durante la Segunda Guerra Mundial.

Juan Pablo II fue el Papa de los obreros, de los pobres y de los desheredados de la fortuna, porque él pudo comprender que la riqueza de la iglesia son los pobres; y fue por esa razón y después de haber escuchado por tres ocasiones los sermones del Santo Padre en nuestro país, en las tres ocasiones que nos visitó, que el Profesor Juan Bosch externó que el Papa, por su compromiso contraído por la liberación de los hombres, su lucha contra la pobreza, su procedencia polaca, se había convertido en un ejemplo histórico para los grandes cambios y transformaciones, a la vez que lo presentaba como un paradigma digno de ser tenido como modelo, por la fuerza benéfica que irradiaba su figura. Por tal razón es que mi hija mayor lleva su primer nombre (Carol).

En este momento que el mundo entero lamenta y llora su sentida pérdida, nosotros sólo podemos finalizar diciendo: Hoy ha caído un Príncipe en Israel, y que Juan Pablo II fue un padre para todos y un constructor de puentes y derribador de murallas.

Atentamente,

Luis de León