CARTAS AL DIRECTOR
Roque Adames

Señor director:
En la iglesia Católica hay muchas personas a las cuales la población dominicana, especialmente aquel segmento preocupado por el avance del país, no tiene con que pagarles sus obras, sus acciones en beneficio de individuos e instituciones.

Una de esas figuras de la Iglesia Católica Dominicana a las cuales la sociedad debe estarle sincera y eternamente agradecida es monseñor Roque Adames Rodríguez

Roque Adames Rodríguez es un cibaeño de pura cepa que nació el 8 de noviembre de 1928, en las mismas entrañas de la sierra, exactamente en el municipio de Jánico, a unos 22 kilómetros de la ciudad de Santiago de los Caballeros.

Monseñor Roque Adames fue ordenado sacerdote el 17 de abril de 1954 y consagrado obispo el 22 de mayo de 1966.

A Roque Adames lo conocí ya siendo obispo. corría la década del 70 cuando el nombre y las acciones del obispo de la Diócesis de Santiago se hicieron cotidianos en el conocimiento que iba teniendo del caminar de la iglesia católica en buena parte del Cibao, pues otra importante porción era pastoreada espiritualmente por el reflexivo Monseñor Juan Antonio Flores Santana, entonces obispo de la Diócesis de La Vega.

Pero lo que me interesa destacar de Roque Adames fue su empeño para que los padres de familia que poblaban la diócesis de Santiago tuvieran conciencia de su responsabilidad como guías de la iglesia en pequeño que es cada familia.

También de sus orientaciones para que los padres despertaran la conciencia en torno a la necesidad de proteger sus hijos e hijas de enfermedades prevenibles, especialmente de aquellas que diezmaban la vida y las posibilidades de la población infantil. Recuerdo los estragos que por entonces causaba la poliomielitis con sus secuelas de lisiados.

Además están frescos en mi memoria los seminarios, charlas, conferencias y otras actividades educativas de Monseñor Roque Adames cuando notó que las cañadas, arroyos, riachuelos y ríos empezaban a secarse. Los artículos escritos en la revista Amigo del Hogar, periódicos El Sol, El Siglo, El Día, Listín Diario, Hoy, entre otras publicaciones, son los mejores testigos de los esfuerzos de Monseñor por preservar nuestro medio ambiente.

Pero hay una faceta de la vida de Monseñor Roque Adames que quizá muchos no recuerden o quieran recordar, por oportunismo, irresponsabilidad o cobardía. Fue cuando en la década de los 70 Monseñor asumió con firmeza la defensa de muchísimos dominicanos encarcelados por sus ideas políticas. En esa etapa se vio a Monseñor tocar puertas, acompañarse de personalidades para mover voluntades y así salvarles la vida a ciudadanos y ciudadanas que se pudrían en inmundas prisiones donde la muerte hacía presencia cada minuto.

Creo que los dominicanos y dominicanas que amamos este país y todo cuanto le da vida, no tenemos gestos de gratitud con los cuales pagarle a este serrano y cibaeño de pura cepa, que abrazó la acción evangelizadora como estilo de vida y cuyas acciones están latentes en lo que entonces era la extensa Diócesis de Santiago, pues comprendía desde Nagua hasta Dajabón, ya que no existían las Diócesis de Puerto Plata ni la de Mao-Montecristi.

Monseñor, hoy con título de emérito, yo sé que sus achaques de salud lo mantienen apartado del constante afanar eclesial. Sé que comparte sus vivencias con hermanos de fe y con allegados. Desde aquí quiero desearle que sus dolencias mejoren y que el Dios de los justos prolongue sus días con la menor cantidad posible de padecimientos.

Pero sobre todo quiero decirle: monseñor, muchas gracias.

Avelino García