CARTAS AL DIRECTOR
Sesenta años después…

Señor director:
El mundo conmemoró el pasado 9 de mayo 60 años de la victoria aliada sobre el nazismo encabezado por Adolfo Hitler en Alemania. La celebración se llevó acabo en Rusia, nación que sufrió más muertes que todos los demás aliados combinados. A raíz de la victoria aliada el mundo se organizó en base a la carta de constitución de las Naciones Unidas.

Y luego la geopolítica se dividió en dos grandes campos ideológicos, por un lado el comunismo autoritario encabezado por la Unión Soviética y por otro el capitalismo democrático liderado por los Estados Unidos. Esta confrontación tuvo como punto medio a la China comunista, que al margen de coincidir ideológicamente con la Rusia soviética se mantuvo equidistante de ambas potencias por razones de hegemonía estratégica.

La confrontación ideológica de estos dos grandes sistemas ha sido denominada Guerra Fría, pues en el marco de la misma ambos bloques no lucharon directamente, sino que fueron activos en patrocinar confrontaciones políticas y militares en todas las otras partes del globo. El campo de batalla de esta guerra fueron los países menos desarrollados que eran persuadidos a través de espionajes, infiltraciones, guerras civiles y golpes de Estado para que juraran por la bandera de uno de los bloques. La República Dominicana sufrió los embites de esta guerra primero con el apoyo a Trujillo por parte del bloque capitalista, al parecer este último una opción viable ante cualquier viraje a opciones más “soviéticas”. Luego sufrimos las consecuencias de la Guerra Fría con el sabotaje patrocinado por sectores alineados con Washington en contra del gobierno del profesor Bosch en 1963. De la misma forma la guerra civil de 1965 y los doce años de Balaguer que le sucedieron, fueron un ensayo de lo que “el mundo libre” quería para toda Latinoamérica: gobiernos fuertes que reprimieran las intervenciones soviéticas en la región.

Si analizamos la situación mundial al día de hoy, sabemos que el mundo ya no lo podemos dividir por bloques económicos y/o ideológicos. Con la caída del muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética es claro que los vencedores de esa Guerra Fría fueron los Estados Unidos y su aliada principal en ese empeño, Europa. La mayoría reconoce la existencia de una sola superpotencia y la realidad de un sistema económico y político hegemónico: la Democracia Liberal. Sin embargo, esto no soluciona los retos que se le enfrentan al mundo. El terrorismo islámico amenaza al mundo occidental como nunca antes. El surgimiento de China como un coloso económico y por tanto militar es aceptado por todos; con ese peso específico China comienza a hacerle sombra a todo el sistema de poder internacional. La ampliación a 25 de la Unión Europea y en ésta la preponderancia de Francia en lo político y de Alemania en lo económico presentan otra alternativa al sistema de hegemonía actual.

La historia nos enseña que estas transformaciones del sistema internacional van a repercutir en nuestra política interna y ahora lo hará en los hombros de una sociedad instantánea asistida por todas las tecnologías de la información. Frente a esa realidad nuestros gobiernos, nuestros partidos políticos y nuestros grupos de presión empresariales y gremiales llamados también sociedad civil deben definir posturas claras. Profesionalizar e institucionalizar el personal que maneja nuestras relaciones comerciales y nuestra cancillería deben ser parte integra de todo programa de gobierno. Y debe aplicarse, pues sin unos recursos humanos que entiendan el mundo al que asistimos seremos unos pobres espectadores de la realidad que se forja. Es cierto que muy poco podremos influir en lo que veremos en el siglo XXI, pero si podemos predecir como será, nos podremos preparar mejor para sus consecuencias.

Atentamente,