CARTAS AL DIRECTOR
Hizo suyo a Duarte

Señor director:
Noviembre en su habitual coqueteo para llevarnos del lado a seres excepcionales, nos deja para recordar el día nueve de este undécimo mes, como el del adiós de Don Manuel Corripio García. Este hombre probo, sencillo, meticuloso y laborioso diría una vez que “Creo en el trabajo porque es la esencia de la vida” y de ello hizo casi una religión. Si familiar era encontrarle en el emblemático local de la Emilio Prud”Homme, dónde por años estuvo la sede de la Distribuidora Corripio, sorprendente y admirable era encontrarle hasta días recientes en las amplias y cómodas instalaciones que hoy día alojan al Grupo de Empresas Corripio en la avenida Núñez de Cáceres de esta capital.

Don Manuel Corripio sobre la base del trabajo diario y tesonero, cultura que inculcaría a su hijo Pepín y a sus nietos, levantó de manera honrada una posición económica que convirtió en ícono al grupo de empresas que se identifican con el apellido Corripio. Ello se entiende porque lo natural es que uno de los frutos del trabajo sea la acumulación de riquezas.

Pero don Manuel fue en muchos órdenes un ser excepcional. A él la cultura y la educación dominicana deberán agradecerle por siempre su mecenazgo. Basta hacer mención de la Fundación Corripio, Inc. Institución que desde el año 1986 otorga anualmente el Premio Nacional de Literatura, entendido como el más importante reconocimiento literario existente en el país, aparte del programa de publicaciones, rescatando mediante la Biblioteca de Clásicos Dominicanos las obras de los grandes escritores dominicanos, desde el descubrimiento.

Se sentía protegido por Dios, desde que nació y en esa aseveración ha de estar el secreto de su bondad, de su forma de ser con sus empleados con los que desinteresadamente colaboraba, pero siempre interesado en que se superaran e hicieran del ahorro un hábito, evitando derrochar el dinero ganado.

Agradecido de esta tierra que lo acogió, concibió la Plaza del Inmigrante en la intersección de las avenidas 27 de Febrero y Ortega y Gasset. Cuántas veces pasemos frente a ese monumento, no sólo recordaremos a Don Manuel Corripio García, el inmigrante ejemplar, sino a un alumno aventajado de Juan Pablo Duarte, que demostró el acierto del padre de la Patria al dejarnos como parte de su ideario, la frase: “Trabajemos, por y para la Patria, que es trabajar para nuestros hijos y para nosotros mismos”.

Gracias don Manuel Corripio García por amar esta tierra, hacerla suya, invertir y crear fuentes de trabajo aquí y apoyar la educación y la cultura. Gracias por su ejemplo de vida familiar, y gracias por hacer suyo el pensamiento de Juan Pablo Duarte.

Descanse en paz, ejemplar ciudadano.

Atentamente,
Juan Nadal Nolasco

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¡¿Obligatorio?!
Señor director:
En estos tiempos que hay tanto desempleo, tanta delincuencia y tanta falta de educación, se me ocurre que parte de una solución podría ser la creación de un servicio militar obligatorio para jóvenes de los 18 a los 25 años de edad. Se podría considerar que para estos fines se conseguiría tanto ayuda técnica como financiamiento a través de una institución internacional.

Con esta creación se reduciría la fuerza laboral existente, se le daría disciplina a una gran parte de la población, que tanto la necesita, y se le daría una educación académica, cívica y una profesión media, para que de ahí salgan mejores y más valiosos ciudadanos, y hasta una reserva militar para combatir junto con los cuerpos armados cualquier revuelta que surgiera en el país.

Atentamente,
Juan Antonio Elmúdesi Zouian