Cartas
Alfonso Martínez

Señor director:
Breve y buenamente le pido a usted, me permita decir algo acerca de un compatriota que fue un hombre del bien por el bien mismo. Su nombre fue el de Alfonso Villamarzo y Martínez (Alfonso Martínez).

Conocí a ese pionero de la Radio en Bonao, allá donde surgió La Voz del Yuna, madre generatriz del pomposo y orondo Palacio Radiotelevisor La Voz Dominicana.

La Voz del Yuna fue inaugurada no el primero de agosto de 1942 como decían algunos, sino el 19 de marzo de 1943, siendo su primer locutor Prudencio (Din) Soler Barruos. Luego llegaron Julián Salvador Espinal Martínez (Potemkin), su hermano Alfonso Villamarzo Martínez, o sea (Los hijos de Petra).

Luego continuaron arribando a La Villa de las Hortensias, los locutores: Juan de la Cruz Llibre, Héctor J. Díaz, Héctor Adolfo Mena, Gustavo Guerrero Pichardo, Manuel Ruiz Bastardo, Ramón Rivera Batista, Marino Hoepelmán, algunos cubanos y hasta un mexicano.

Del recientemente fallecido Alfonso Villamarzo Martínez, a quien conocí hace 64 años, puedo decir muchas cosas para ponderar su hombría de bien. Por igual de sus magníficas cualidades y brillantes condiciones para trillar día a día los caminos de las Hertzianas.

Recuerdo al fallecido en muchas emisoras de la capital dominicana. Y no olvido que fue locutor oficial de la “H I X” la voz oficial del Partido Dominicano. Ahora a mi mente acude el lejano recuerdo de cuando un incendio destruyó muchas casas en Samaná. Y una mañana escuché por la H I X y desde un barco anclado frente a la ciudad siniestrada, la voz de Alfonso presentando a Trujillo quien prometió la reconstrucción de Samaná.

Finalmente, digo que el recién fallecido tenía por esposa a la doctora Silvia Tejeda. Doña Silvia, dueña de todas las amabilidades, habidas y por haber. Supo ser a carta cabal una consorte abnegada, una esposa reina del compañerismo hogareño… y una enfermera de todos los días, en el largo quebranto del fenecido.

Condolencias afligidas para la inconsolable viuda, para la hija Mayra y para la sobrina Ileanta que reside en París.

Atentamente,

José  Antonio Núñez Fernández