Cartas
Defiende iglesia

Señor director:
Son valientes los evangélicos al reclamar ante la Suprema Corte de Justicia la abolición del Concordato y aplicación de la equidad en cuanto a lo religioso se refiere.

Por más de cinco décadas las demás iglesias que no son católicas han sido afectadas, tras la firma en el año 1954 de un convenio o tratado que hiciera el fusilado expresidente y dictador Rafael Leonidas Trujillo, en su afán de obtener  el título de benefactor, y realzando su poder; dicho pacto obtuvo la anuencia entre él y el Vaticano.

Específico entre él, ya que era la parte representativa del Estado. Trayendo esto como consecuencia la violación a la Constitución y a la Declaración de los Derechos Humanos.

En mi juicio voy más allá, porque no sólo debe ser el reclamo de los evangélicos, sino de todas las demás religiones o doctrinas que se profesan en el país.

Un país que dice ser democrático, y en cuya Constitución expresa la libertad de cultos, cada persona es libre de elegir la religión que desea practicar, sin sentirse cohibido, por esta discriminación, que aunque no se quiera reconocer es una realidad.

Los gobiernos que han transcurrido en nuestro país, post-régimen trujillista, se han hecho de la vista gorda, en dar fiel cumplimiento a lo que establece la Carta Magna al respecto.

Aunque el actual gobierno dice que trata igual a todas las iglesias, todavía esta realidad no se ha reflejado, porque en todos los eventos, actos, viajes y otras actividades no se destacan los demás representantes de otras religiones como los de la Católica.

Muchas iglesias de otras religiones ven afectadas sus labores sociales, por no ser de la oficial, como han denominado a la Católica, manteniendo en vigencia el desastre que ocasionó Trujillo con esta imposición.

Estas iglesias ejercen un ministerio con una vocación igual o más en cuanto al servicio a Dios se requiere.

Cada día van en incremento la feligresía de los Evangélicos, Testigos Adventistas, y otras más, a manos peladas para poder realizar las labores sociales teniendo que hacer actividades entre los mismos feligreses, porque en su mayoría el Estado les niega la oportunidad de hacerse acreedores.

Otras reciben prebendas del extranjero, para poder sostener las mismas.

Otra desigualdad radica en que a las demás iglesias que no son Católicas no les construyen templos, ni les asignan vehículos.

Se quiere más discriminación que estas citadas, sin exponer las veces en que solicitan citas para darse a conocer, y que reconozcan su existencia, y hasta esto se les niega.

¿Por qué no se alterna a los coordinadores de diálogos nacionales, ya que siempre son católicos?

¿Dentro de las comisiones que acompañan al Presidente, por qué no incluyen a pastores de otras religiones?

Soy de las que creen que nunca es tarde para empezar, y un país avanza cuando se cumplen al pie de la letra los diferentes tratados de la Constitución.

Según el vocero del Gobierno, se está aplicando la equidad y justicia en términos eclesiales, muy tímidamente considero, porque no estoy convencida todavía.

El Consejo Dominicano de Unidad Evangélica (CODUE), ha sido específico al exponer su compromiso con Dios y con la patria, y dice que sus propósitos van más allá de la búsqueda de reivindicaciones; lo veo bien, pero sepan que a manos peladas no se puede hacer nada, si el Estado está en la facultad de dar apoyo a las Iglesias en equidad.

Confío firmemente en que el Estado, a través de la SCJ, reconocerá este justo reclamo de inconstitucionalidad en contra de la resolución 3874 de 1954, y con esto demostrará que hay un país que promueve y respeta la igualdad religiosa, y de esta forma garantizará los derechos para todos.

Soy Católica independiente, por que sigo a Dios y no a los hombres, y me identifico cien por ciento con estos reclamos, a que Dios no dejó herederos en particular, todos somos iguales a los ojos del Todopoderoso.

Los invito a no desmayar en su lugar por este derecho, que de una u otra forma nos hace todavía vivir en tiempos de dictadura. Que el Estado, como expresó su vocero, demuestre con pruebas fehacientes que otorga tratos igualitarios a todas las iglesias.

Atentamente,
Faustina Sánchez Hernández