Cartas

Pondera homilía

Señor director:
La homilía pronunciada por monseñor Ramón Benito de la Rosa y Carpio, con motivo del 84 aniversario de la fundación de la Junta Central Electoral, según el olfato periodístico no tuvo desperdicios.

Sus propuestas para regular y reducir los costos de las campañas electorales, constituyen la expresión casi unánime de la sociedad dominicana, incluyendo a los partidos políticos.

El alto prelado católico ha puesto el dedo sobre la llaga al denunciar valientemente el excesivo y pernicioso precio de nuestra democracia, cimentada en los últimos tiempos en un clientelismo que prostituye y desnaturaliza sus esencias.

Todos estamos cansados de vivir en un país en campaña política permanente, donde el derroche y la francachela, las confrontaciones y enfrentamientos entre seguidores, muchas veces de un mismo partido abruman y saturan la tranquilidad ciudadana.

El peligro de las elecciones ya no es el fraude, sino quien las paga, una afirmación muy real y preocupante hecha por el presidente del Episcopado Dominicano ante los honorables jueces de la Junta Central Electoral.

Probablemente, Ramón Benito de la Rosa y Carpio sea el más ecuánime y sensato jerarca de la Iglesia Católica nacional y por ello sus recientes observaciones han concitado un homogéneo respaldo de sectores heterogéneos.

Este querido, admirado y respetado arzobispo de Santiago y antiguamente del Santuario de Higüey, siempre se ha caracterizado por la serenidad de sus juicios y la humildad de su personalidad. En ese sentido, sus palabras o sermones inspiran confianza, buena fe y sabiduría, y en el plano político nunca ha sido un ente de resquemores ni de retaliación.

Es más, en el área social De la Rosa y Carpio es visto por la población más necesitada como un miembro de su clase por su sencillez y vocación humanitaria, a pesar de la profundidad de su acervo cultural y de su comprensivo y llano lenguaje pastoral.

El quehacer político se ha convertido en una especie de inversión y de enriquecimiento ilícito, un verdadero trampolín para ascender social y económicamente. Hábiles mercenarios controlan las cúpulas de los partidos, testaferros sin ningún nivel académico ni mucho menos moral venden su incondicionalidad en aras de puestos y canonjías, tránsfugas que cambian de chaqueta de la noche a la mañana como producto de un sistema que estimula la corrupción y que está dañando enormemente la democracia dominicana.

El conjunto de propuestas de De la Rosa y Carpio tienen un alto contenido ético y buscan salvar nuestra democracia de los vicios y las deformaciones que la hacen insostenible primero para el país y luego para el propio sistema de partidos. Ojalá que no se queden en el vacío como ocurre con frecuencia. El reto está planteado. Asumamos todo esta responsabilidad, especialmente el liderazgo político nacional y la Junta Central Electoral que son los llamados a ponerle fin a esta caótica situación que distorsiona y debilita la istitucionalidad de la nación.

 

Ateentamente,

Atte. Miguel Pineda López