Casa de Teatro
39 AÑOS DE ÉXITOS

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Dicen que todos los días pasan y no se parecen… Si pensamos en los aniversarios de Casa de Teatro, diríamos que no solo pasan y no se parecen, sino que también, al mismo tiempo, ellos se parecen.

Cada año, la casona de la amistad renueva, con entusiasmo y eficiencia, sus celebraciones, ¡aun en período de crisis! Cada año, nos invitan y… nos invitamos a participar en la fiesta, creativa y recreativa, de un hogar cultural, donde caben todos –es uno de sus milagros–, único en Santo Domingo, y finalmente donde todos los días disfrutamos de la alegría de un cumpleaños, otro milagro. En ese tenor, todos los aniversarios y el “día a día”, sí, sí, se parecen. Y qué felicidad escuchar, reiteradamente, a la gente joven, en busca de momentos sanos, interesantes y divertidos: “¡Esta noche, vamos a Casa de Teatro!” ¿Pasión del público por Casa de Teatro o pasión de Casa de Teatro por el público? Ambas. 

Un tiempo para la reflexión. Casa de Teatro cumplirá pronto 40 años, edad de la plenitud y de la todavía juventud.

Para quienes han seguido su evolución y crecimiento, pensamos que, antes de la magna celebración de las cuatro décadas, es el tiempo de una reflexión sobre un sitio y sitial insólito.

Es tiempo de volver a sus primeros pasos, jamás vacilantes y que muy pronto fueron de vencedores.

Freddy Ginebra se sintió con una responsabilidad: reinventar la cultura. ¿Cómo abrirla a todos? ¿Cómo conquistar al público en una vieja morada pluricentenaria, en una zona entonces poco propicia? Él era un hombre joven, de apenas treinta años.

 Era bastante radical, ambicioso, opuesto a las concesiones., y albergaba la utopía de que la gente acudiese en masa al teatro, y a un teatro pensante.

Él y Ángel Haché, que compartió la iniciativa de una sede en la ciudad histórica,  querían hacer algo nuevo, y que la gente fuera.

Por supuesto que no era solamente un asunto de público, se anhelaba que fuese un lugar –pese a sus condiciones materiales precarias– para que se produzcan los artistas nacionales, que emerjan talentos nuevos y se les dé una oportunidad, pero sin descartar a los confirmados o los consagrados, tampoco a los extranjeros, cuando querían actuar allí –¡y lo hicieron!–.

Lo más increíble de Casa de Teatro era –y es– su mentalidad de institución cultural pública, abierta, accesible, acogedora, pero sin recursos propios ni la demagogia de la gratuidad, ni esperando que su mantenimiento viniera de los fondos gubernamentales: además en 1974,  el manejo oficial de la administración cultural, no específica ni estructurada, se hacía completamente medalaganario.

Por el prestigio –precoz en esa materia– de su joven gestor, consiguió los recursos privados  de un mecenazgo, al que, con mucha razón, no vacila en convertir en “sponsoring”. Promocionando y reconociendo a las empresas donantes, Casa de Teatro prosiguió sus metas.  No solamente sobrevivió la centenaria casona, sino que se desarrolló en actividades, en propuestas, en espacios, en ambientes, buscando formas y hallando fórmulas.

Aparentemente, el querido y apodado “duende” no se toma en serio, listo siempre para la carcajada, sin embargo no es así. Freddy Ginebra a la vez nunca perdió el control de la Casa ni trabajó solo, dos aspectos esenciales. Al menos es nuestra impresión: él se ha mantenido como el centro de un equipo muy motivado, informal –nosotros todos– y formal –colaboradores directos y parientes a quienes ha integrado–.

Como administrador e ideólogo, él se interroga, orienta, decide, pero logrando que sus colaboradores o invitados sean y  se sientan copartícipes.

Y, obviamente, Casa de Teatro cosecha los frutos de una auténtica vocación, en el sentido etimológico de “llamamiento”, a emprender, proponer y convencer. Mientras los actores están en escena, entregados a la sala, un director se cobija, angustiado, en la sombra, Freddy Ginebra, teatrista fundamental, conjuga ambos papeles, además de la tremenda función de productor y sus riesgos propios…

Es una filosofía de vida. Han sido los lineamientos rectores de Casa de Teatro en sus pininos de “casa del teatro”, y estos se han fortalecido hasta alcanzar una posición indiscutiblemente cimera entre las instituciones de arte y cultura de Santo Domingo, triunfando más que nunca a los 39 años de su creación.

Símbolo de ello fue  la exitosísima presentación de la primera obra de teatro de Freddy Ginebra, “A veces grito”, igual a sí misma y remodelada como la Casa, y que formó parte de la programación aniversaria.

Por cierto, este mes generoso ha incluido literatura entre diálogos de escritores, lanzamiento de bases de concursos, y Premio Internacional de Novela, música diversa –y particularmente el Santo Domingo Jazz Festival–, noches de baile, teatro infantil –algo excelente–, y por supuesto las artes visuales con los “Artistas en la Calle” y el XI Premio Internacional de Fotografía.

  El 10 de agosto concluirá este mes de excepción, con el “fiestón” y espectáculo “Todos juntos en 39 aniversario”.

ZOOM
Fotografía

El XI Premio Internacional de Fotografía “Wifredo García” ha tenido magníficos resultados, con 82 obras seleccionadas en las categorías: Monocromo, Color y Digital Creativa, contando tres premios, y una cuarta sección atribuyendo un Premio   Especial, “Convivencia y Tolerancia”. La calidad ha sido tan alta que el jurado otorgó varias menciones. El  tema de la Ciudad Colonial no solo capturó bellamente los monumentos históricos, sino los ambientes callejeros y sus protagonistas en diferentes vivencias y actitudes. Fueron miradas agudas, a veces críticas aun, pero siempre amorosas, de decenas de fotógrafos, que pertenecen a diferentes generaciones y ámbitos.