Casi todos somos culpables del atolladero electoral

Tirso Mejía-Ricart

Parece que el logro de una democracia electoral es solo una utopía en la República Dominicana y será un cuento de nunca acabar. Parecía que el asunto estaba en vías de solución con la aprobación de la Ley 35-18 y 15-19 sobre Partidos Políticos, Organizaciones y Movimientos Políticos, y sobre el Régimen Electoral; pero no parece ser así porque esas dos leyes son diferentes en varios puntos y en las candidaturas intervienen la Junta Central Electoral, el Tribunal Superior Electoral y el Tribunal Constitucional; y los propios partidos interpretan las mismas a su manera.
Por de pronto, aunque las leyes establecieron que los partidos podían reservar un 20% de las candidaturas para algunos de sus dirigentes y aliados, una ley señala que deben ser por demarcación y la otra de nivel nacional. Las reservas que debían hacerse por posiciones en determinadas demarcaciones, no fueron señaladas antes, sino después de las elecciones primarias y no hay mecanismos definidos para establecer la cuota para jóvenes, mujeres y hombres.
Encima de eso, las cámaras legislativas impusieron el voto preferencial en las elecciones generales cuando con el establecimiento previo de las reservas y las primarias obligatorias para los partidos considerados mayoritarios determinaban automáticamente los puestos que les correspondían a cada candidato, dejando solo a los minoritarios la posibilidad de elegirlos por convenciones.
En esas condiciones en las elecciones generales se podrían votar con boletas cerradas y bloqueadas, lo que hacía mucho más fácil su escrutinio. Pero no, todo se hizo al revés, y como si eso fuera poca cosa, ahora la JCE determinó que el voto de género debe imponerse en contra de otras consideraciones.
Por otra parte, la juventud solo tiene un 10% de representación, cuando si se elevara al 20% no afectaría a hombres ni a mujeres, porque los jóvenes son hombres y mujeres, y las mujeres son jóvenes y mayores de 35 años. Parece que cuando se toman decisiones no se tiene en cuenta lo que pasaría con los resultados previsibles y se pretende complicar a todos al mismo tiempo.
Esta es la hora en que la ciudadanía no ha tomado conciencia de que el primer escollo que hay para que haya elecciones limpias estriba en que debe haber fiscales, policías electorales imparciales que eviten la compra y venta masiva de votos, cédulas y hasta de delegados y directivos de colegios electorales para que no alteren las actas y cómputos correspondientes.
Espero que en las elecciones municipales y nacionales los trabajos electorales se manejen mejor y que haya oportunidad de que los comicios municipales se puedan establecer a medio término, para que surjan nuevos líderes locales y estén menos influidos por los liderazgos provinciales y nacionales.