Castillo y González hacen gran química

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Alex González y Luis Castillo no tienen que hablar para entenderse. A veces basta con una mirada, con un gesto. Llevan tanto tiempo juntos que nada es secreto entre ellos, especialmente en lo que se refiere a la defensa.

En el terreno, en el clubhouse y hasta en las prácticas de bateo, el venezolano y el dominicano siempre están planeando la mejor manera de convertir el territorio que rodea la segunda base en área vedada para los bateadores rivales.

”Yo creo que son la mejor combinación de shorstop y segunda del momento en las Grandes Ligas”, aseguró el coach de la primera base, Perry Hill. “No sólo por los impresionantes doubleplays sobre conexiones difíciles, sino que nunca fallan las jugadas de rutina, esas que deben ser outs automáticos”.

Al igual que Hill, quien es el encargado de posicionar a los hombres del cuadro a la defensiva, todos en la organización de los Marlins viven convencidos de que en las Mayores no hay una combinación de doble matanza más precisa y llamativa que la de Castillo y González.

El quisqueyano actuó en 152 encuentros el año pasado con un porcentaje de fildeo de .986 al cometer 10 errores en 729 lances y se vio envuelto en 99 doblematanzas. Números que le valieron, por primera vez para conquistar el Guante de Oro.

Por su parte, González cometió 16 errores en 679 oportunidades para un porcentaje de fildeo de .976, además de tomar parte en 109 dobles matanzas y está tocando a la puerta del Guante de Oro con mucha insistencia.

”No tengo duda de que Alex merece el Guante de Oro y podría ganarlo en el futuro cercano”, indicó Castillo. “No es sólo la forma elegante de capturar pelotas, en él también resalta la inteligencia, la forma en que le juega a cada bateador, la manera de cubrir terreno. Yo me siento muy seguro a su lado”.

Acostumbrados a la pequeñez del mercado beisbolero del sur de la Florida, ambos conquistaron la aprobación general en los playoffs del 2003, cuando pudieron mostrar ante una audiencia nacional lo que venían haciendo en la sombra desde hacía mucho tiempo.

Y no sólo con los guantes. Si González pegó un jonrón histórico en el cuarto juego de la Serie para romper un empata a 12 entradas, Castillo salió de un letargo en el sexto choque con un hit decisivo que decretó el éxito de Josh Beckett.

”La gente los veía y se asombraba de lo que hacían a la defensa, pero para nosotros ya no era nada nuevo”, comentó Beckett. “El público no sabía que nosotros estábamos acostumbrados a ver sus maravillas día a día. Forman un dúo magnífico y los lanzadores trabajamos más calmados gracias a ellos”.

Para este año, los Marlins van a necesitar que la combinación de Castillo y González apriete más el cerrejo alrededor del segundo cojín en caso de que se produzca un descenso de la producción ofensiva.

Aunque el equipo no espera una sequía al ataque, es probable que el pitcheo de los peces se vea precisado a trabajar en varias ocasiones con pocas carreras de ventaja, y esos márgenes deberán ser preservados a toda costa.

”Luis y yo hemos ido subiendo la parada año tras año, porque es nuestra manera de jugar y de mejorar”, expresó González. “Lo primero es asegurar las acciones de rutina y llegar un poco más lejos en aquellas que parecen imposibles, hasta convertirlas en algo común y corriente”.