Cecilia Rivera: Mística, existencia y naturaleza

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“Todos son hombres en la eternidad,  los ríos, las montañas, las ciudades y pueblos, y si tú entras en su interior, te vuelves  cielo y tierra.
AMABLE LÓPEZ MELÉNDEZ

 “Pintar ha sido para mí existir. Es el espacio donde me expreso sin palabras, con el cuerpo,  con la mente, con el alma. Ha sido una experiencia de liberación, de sanación. Este es el espacio  a donde pertenezco, en donde se revela mi identidad, de ser una, en cuerpo, mente y espíritu, mis sentidos todos despiertos, al mismo tiempo”…

Cecilia Rivera despunta en el contexto de la pintura latinoamericana contemporánea con una obra que, en primera instancia, nos permite advertir su poderosa y consciente relación entre práctica artística, mística, existencia y naturaleza.

Pero la suya es también una alquimia pictórica vitalmente ética, líricamente lÚcida y extraordinariamente sugestiva. La eticidad de su ejercicio actúa desde el riesgo sincero y pasional, desde su aventura creativa en la que juega el todo por nada para obtener el absoluto estético de su propia integridad, el valor sublime entre instante y eternidad.

Pintura desbordante en alusiones, visiones, imágenes y sensaciones ante las cuales debemos franquear las puertas del silencio y de la percepción  depurada si es que queremos aproximarnos a su íntimo lenguaje y  profundidad estética…

Superficies pictóricas provocadoras de nuestro pensamiento en torno a los secretos del sistema y sobre las cualidades de la misma personalidad artística que las ha materializado con ardiente persistencia, exquisita sensibilidad y gracia inevitable. Pintura para verse, disfrutarse y confrontarse desde y a través de todos los “ojos”, instancias sensibles y sentidos de la corporeidad.

En un resistente extracto de la serie “de los fuegos”, presentada recientemente en Uri Art Gallery, de San Juan, Puerto Rico,  el vertiginoso caudal  imagético  brota desde las profundidades de las extrañas estructuras del azar.

Y, así mismo, desde las estratificaciones  especulares de estas superficies visibilizadas activan perpetuamente los acontecimientos  inefables de una experiencia íntima, de una tensión irresistible, de un tiempo  humano deslumbrado…

Fuegos exteriores. Fuegos interiores.  Fuegos sombríos. Rescoldos del ritmo. Metáforas de la perennidad de su revitalizadora combustión.

Fuegos de intensidad,  sutiles y esenciales. Fuegos primordiales e instantáneos como el mismo proceso  de su mágica transmutación.  Fuegos alucinantes y deliciosamente abrasadores como rayos  de sol. Fuegos in-formadores y disolventes. Fuegos que arden desde los cristalinos territorios de la policromía, desde de las  frescas estaciones de la imaginación

En la práctica pictórica de Cecilia Rivera hay una física, una microfísica y una metafísica de la luz. Pintura de la liberación de la luz. Luz radiante, luz  “solidificada” mediante las cifras herméticas de la energía fluída de la naturaleza. Pintura para celebrar los estados privilegiados de la fruición contemplativa y la percepción de las vertiginosas microreacciones de la materia y sus espléndidos acordes de tonalidades incandescentes.

Pintura que nos toca  desde las disposiciones lúdicas y reflexivas que s?lo es capaz de provocar el acontecimiento estético original. Materia espiritual. Espíritu material. Territorios de la indiferenciación de la materia y el espíritu. Cartografías abstractas e in-visibles de la memoria y la ficción. 

Pinturas trasudadas, transmisoras de los signos de los elementos y de las irradiaciones minerales  del fuego y de la tierra. Signos de las texturas, porosidades y accidentes de la piel, del polvo trascendido, del paisaje solar, de las maderas calcinadas y de  las ondulaciones de las aguas  del mar y de los sueños.

Signos del oro de los días, la arena,  el plomo y el mercurio. Signos de las fugacidades gris-metal. Signos de la materia teñida de eficacia.  Signos de una preciosa alquimia vegetal que profetiza la consumación de la perfección como despedida de las banalidades y adulaciones de la historia. Signos de los fuegos secretos de la espiritualidad y de la naturaleza. Signos especializados de la poética pictórica, de la mística envolvente y de las mismas  devastaciones ontológicas de Cecilia Rivera.