Celos por unos muros al borde del colapso

o1

Al conocerse el proyecto del Ministerio de Turismo, para el rescate de la ruinas de San Francisco, se ha desatado un tremendo ciclón de opiniones y pareceres encontrados que revela la riqueza polémica de los arquitectos e intelectuales criollos, tan apasionados a la hora de criticar lo que sea, con tal de llevarle la contra, si es una iniciativa propuesta por el Gobierno.

Así, el proyecto de Moneo, afamado arquitecto restaurador y de fama mundial, ha tropezado con el valladar de quienes se creen dueños de unos muros muy viejos y casi desmoronándose por las inclemencias de la naturaleza, que hasta el fuerte sonido de las presentaciones artísticas le hace daño.

Y es que en el país, como algo natural de nuestra formación humana y el arrastre de complejos atávicos, a todo le buscamos algún fallo y se le permite a los “expertos” explayarse en largos y documentadas réplicas de avalar su oposición, con tal de amedrentar a los gestores de determinados proyectos para que se desista y mantener algo que ya está en ruinas y solo sirve a su contemplación en espera del futuro colapso, y así se hace fracasar los que están interesados en preservar el patrimonio histórico del país.

Y en eso de oponernos solo vale señalar el caso del Metro, que en el inicio de su construcción de la primera línea recibió un aluvión de críticas y de oposición rabiosa; ahora es elogiado por todo el mundo, copiado en otros países y exigencias al gobierno que lo prolongue y continúe construyendo nuevas líneas de servicio por el éxito obtenido, solo amenazado por la inestabilidad del suministro eléctrico.

Tanto el arquitecto Carlos Báez Brugal y el ingeniero estructuralista y experto en edificaciones coloniales, Alfredo Ricart, han emitido valiosas observaciones al proyecto de Moneo para el rescate de las ruinas de San Francisco. Ambos coinciden en la necesidad de la intervención para darle el valor y atractivo necesario para asegurar el éxito turístico de la zona colonial, que no aguantaría a miles de turistas caminando de arriba a abajo, viendo tan solo piedras al sol y sin algo que llame la atención de un museo y explicaciones frente a una estructura restaurada y que irradie el sabor de lo que fue en su época de uso y esplendor del siglo XVI.

El sabor de la catedral y de otras iglesias coloniales restauradas y del Museo de las Casas Reales, del Alcázar así como numerosas residencias que algunas sirven de museos o de restaurants, de hospederías muy atractivas y selectas, y hasta de importantes oficinas privadas, son los mejores ejemplos de restauraciones y ambientaciones de antiguas estructuras coloniales que estaban al borde del colapso. Solo es necesario tener en cuenta que esas piedras calizas, utilizadas en todas las edificaciones, así como los ladrillos originales deben ser preservados, con productos químicos modernos, de las inclemencias de la naturaleza que por los vientos, el agua y los terremotos ocasionan eventualmente los destrozos de perder para siempre esas reliquias, y gracias a Dios que aquí no tenemos el caso del extremismo islámico, que en Siria, Irak y otros países están destruyendo joyas arquitectónicas de la humanidad.

El caso de la ruinas de San Francisco y del Hospital San Nicolás de Bari son los dos ejemplos de muros de piedras en equilibrio, que como aquellos totems de la isla de Pascua y que resisten desde hace siglos todo tipo de inclemencias debido a que fueron talladas en roca granítica, que aquí por lo joven de nuestra isla que es de grandes extensiones de rocas coralíferas, no pueden resistir por siglos los embates de los agentes naturales y de la destrucción humana.

Las autoridades del Ministerio de Turismo, han sido muy valientes y responsables por haberse decidido a atacar el deterioro de las ruinas de San Francisco. Han logrado un diseño lógico de avanzada y de acuerdo a las exigencias de hacer atractivos a aquellos monumentos coloniales, que por sus condiciones, dejaron de lucirse por el deterioro en que se encuentran, por la oposición del grupo de los románticos, que prefieren ver muros de piedra solitarios y en precario equilibrio, para conservar una “reliquia fría” como decía nuestra excelsa Salomé Ureña.