Centenario

UBI RIVAS
El próximo seis de agosto se cumplirá el primer siglo del nacimiento del doctor José Jiménez Almonte, hecho acontecido en Guazumal, a siete kilómetros del Primer Santiago de América. El doctor Jiménez Almonte ha sido el científico más completo y eminente que ha producido en toda su historia nuestro país, considerando que desempeñó la medicina, botánica y ajedrez con destellos indelebles para los que le conocimos y para la memoria nacional. Además de español, dominó el inglés, francés, alemán.

Fue un agudo médico clínico, que percibía el quebranto de un paciente de solo verlo acercarse, sin que mediara media palabra, y nunca atendió a un paciente fumador, a quienes echaba malhumorado de su consultorio, porque sostenía que el tabaco es el enemigo más mortal del ser humano.

Identificó los primeros casos registrados en el país del mal de Carcot-Ma-rie-Tooth, en 1940, y siete años después, 1947, publicó dos tratados alusivos a la Esponditis Tífica, identificando al primer paciente afectado de brucelosis, junto a su amigo y colega el doctor Pablo Franco Santoni.

En 1961 identificó un paciente con el síndrome de Gougerot-Hower-Sjoergren o Querato-Conjuntivitis Sicca, primero en tres décadas registrado en el hospital José María Cabral y Báez, donde laboró desde su fundación en 1946 hasta pocos días antes de su sentido fallecimiento, el 18-11-82, a los 77 años de edad.

En 1942 identificó a un paciente con un quebranto neurológico, y publicó al respecto una obra que intituló Polioencefalitis Superior Crónica, que le reputan como el primer neurólogo de Santiago de los caballeros.

BOTANICO EMINENTE

El doctor Jiménez Almonte ha sido el botánico más eminente que ha producido nuestro país, y logró colectar en su herbario 20,245 especies que su hijo, el también médico cardiólogo reputado, doctor José de Jesús Jiménez Olavarrieta, donó a la PUCMM, como su biblioteca conformada por 10,538 testigos, entre libros, folletos y revistas especializadas de medicina y botánica.

En 1973 el doctor Jiménez Almonte donó cinco mil especies botánica al Tracy Herbarium de la Universidad de Texas.

Calcó las huellas de sus insignes predecesores en llanos y montañas, como Francisco Fernando Alejandro, Barón de Eggers, Olof Swartz, que identificó, el primero, nuestro pino endémico, el más resistente (duro) del mundo.

Siguió los trillos de Emery Leonard, el padre Miguel Fuentes, los doctores Miguel Canela Lázzaro y Juan Bautista Pérez Rancier, Robert H. Schomburgk, Carlos F, Chardón, Julio Schiffino, Rafael Moscoso, Julio Cicero, Rafael Ciferri, Orater fuller Cook, y el más grande y sublime de todos, el doctor Erik Leonard Eckman, obteniendo del Ayuntamiento del Primer Santiago de América erigirle una tarja en el parque Valerio y un busto en el cementerio Santiaguense, donde reposan los restos del ilustre científico sueco.

Consiguió con el presidente Joaquín Balaguer, a finales de 1961, que el pico Diego de Ocampo fuera declarado un vedado.

Publicó dos obras monumentales para la ciencia botánica, Apéndice al Catalogue Florae Domingensis, en honor a su profesor, doctor Moscoso, y Colectores de Plantas de La Hispaniola. En la primera de las dos obras, detalla 194 orquidiáceas, de las cuales 181 son endémicas.

Difícilmente un palmo del territorio dominicano no fue “peinado” por el doctor Jiménez Almonte en compañía de los doctores Federico Lithgow, Santiago Bueno y Eugenio de Jesús Marcano, este último, el único que le sobrevive.

Como ajedrecista, se midió con el doctor Heriberto Pieter Bennett, doctor Frank Clemente Sánchez Betancourt, doctor Luis Alvarez Bogaert, Silvio Saillant, Alvaro Arvelo hijo, Humberto Diez De la Noval, José Antonio Hungría Fermín y en infinidad de ocasiones jugaba de espaldas al tablero…

Al cumplirse el seis de agosto venidero el primer centenario de su nacimiento, es presumible que tanto la Academia de Ciencias, el Jardín Botánico, la Asociación Médica Dominicana, UASD, PUCMM y el Ayuntamiento de Santiago de los Caballeros, estarán a la altura de las instancias del científico más luminoso, consagrado, desinteresado y eminente que ha nacido en nuestro país, con los reconocimientos y homenajes condignos y merecidísimos.

Honrar, honra.