Cervantes y el inodoro integral

FEDERICO HENRÍQUEZ GRATEREAUX
Antropólogos y paleontólogos no se cansan de explicar la importancia que para el desarrollo humano tuvieron sucesos tales como “el dominio del fuego”, la invención de la rueda, la creación del hacha y de la lanza. Algunos filósofos han opinado que el arco y la flecha son el origen del pensamiento trascendente. Disparar una flecha para abatir un animal o un enemigo es un logro de la voluntad realizado “a distancia”.  El homo sapiens o monazo perspicaz también ha sido definido como animal capaz de crear instrumentos. Con los instrumentos primarios no tarda en hacer combinaciones. Una carretilla es una palanca con plataforma que se traslada gracias a la rueda.  Con este nuevo instrumento es posible transportar piedras para construir fortificaciones o desviar un curso de agua.

Una ballesta es un arma poderosa que combina el arco con el tornillo y la canaleta. Un venablo lanzado por una ballesta puede atravesar a un hombre o una pared de madera. Mediante la conjunción de la radio, la televisión y el teclado de una maquina de escribir, se obtuvo el computador contemporáneo.  El descubrimiento de la energía atómica abrió al hombre actual las infinitas posibilidades de la electrónica. De manera semejante la lengua española “contiene”, por así decirlo, un cúmulo de sucesos históricos que se conservan y desarrollan en las cabezas de los hablantes, esto es, en los cerebros de los hombres de nuestra cultura. La lengua española, como todas las lenguas, es una colección de instrumentos mentales, de herramientas intelectuales. Las primeras palabras escritas de nuestro idioma fueron una balbuciente plegaria anotada por un monje al margen de un sermón de San Agustín, hace poco mas de mil años. Ese monjecito de La Rioja, en San Millán de la Cogolla, metió en la lengua una oración al Dios cristiano. La nueva lengua romance, que se apartaba entonces del latín matriz, quedo afectada de religión desde su nacimiento. Las lenguas se transmiten por escrito merced a la invención de los caracteres del alfabeto. Y el alfabeto es la rueda de la literatura. Como es obvio, en nuestro caso se trata del alfabeto latino. Con el alfabeto se adquirió el mas preciso y eficaz instrumento de difusión de las ideas; la imprenta lo automatizó y “socializó”.

En la lengua española se conservan las momias de más de cuatro mil palabras árabes, resultado de casi ocho siglos de lucha contra los moros. Esa historia no pervive solamente en la lengua sino en la cultura toda: en los oficios y artesanías, en la música, en los modos de apreciar el arte, en la arquitectura, en las valoraciones políticas, bélicas, amorosas, en los platos de cocina, en los nombres propios de lugares y gentes. El hombre es un animal hecho de pasado, construido interiormente por su propia historia personal y por la de su pueblo. En la lengua española están apresadas las pobrezas y las guerras, los atropellos e injusticias, de todos los tiempos. La llamada literatura picaresca sería inexplicable sin las miserias de la península ibérica en el siglo XVI. En 1598, el año de la muerte del rey burócrata Felipe II, había en España 150,000 pordioseros en una población poco menor de cinco millones de habitantes. En nuestra lengua podemos ver, como a través de una lupa, la historia social de los pueblos de donde procedemos. Los celtas llegaron a España en el siglo VII antes de Cristo; la romanización tiene lugar en el siglo III antes de cristo; el latín vulgar, plebeyo, rústico o cotidiano, es el habla que hace su marcha, evolutiva o involutiva, hasta la Edad Media.  Los visigodos llegan a España a comienzos del siglo quinto después de cristo; los árabes invaden y ocupan casi toda la península, al disolverse el reino godo, entre 711 y 725 D.C.

Cada uno de estos pasos de la historia está incrustado en la lengua hablada y en la literatura escrita. El descubrimiento de América dejó huellas profundísimas en nuestro idioma y en nuestras costumbres. Ese mundo desemboca en la novela de Cervantes, quien quiso venir a América y no pudo. Las palabras: aguacate, tomate, hamaca, huracán, macana, llegaron a España después de la colonización del Nuevo Mundo.   Cervantes inventó dos personajes que son dos caras del hombre hispánico: el Quijote, un poder de creación ideal que aspira a transformar la realidad y volverla mejor, representa “el deber ser”; Sancho, una fuerza moderadora que pasa los ideales por una criba y los ata a la tierra, representa “el poder ser”. En los escritos de Cervantes aparecen limosneros, hidalgos, frailes, licenciados, militares: el muestrario completo de la sociedad española hasta el comienzo del siglo XVII, con los correspondientes repertorios de vocablos y pensamientos. El Quijote y Sancho viven en una geografía precisa, condicionados por una historia determinada.  Naturaleza e historia son asuntos de la tierra, en ella nacen y en ella ocurren; en la tierra empiezan, en la tierra terminan.

El inodoro integral es una máquina compuesta por varios elementos de invención separada o independiente. Su misión es diluir en agua los excrementos y librarnos de su desagradable presencia y de su mal olor. El excremento es inevitable, pues resulta de la asimilación de alimentos sin los cuales sería imposible la vida humana. El inodoro es, pues, una concreción ideal compleja, una herramienta revolucionaria y práctica, a la vez quijotesca y sanchopancesca. Nunca vio Cervantes un inodoro integral de la marca Eljer, dotado de una cómoda poceta de porcelana –poltrona diaria obligatoria–, con tanque de descarga silenciosa, pera de goma, flota de cobre y palanca cromada. Esta maravilla doméstica debió ser prevista por Leonardo de Vinci. Sin embargo, el genial toscano, quien logró entrever la aviación al diseñar su máquina voladora, parece que no tuvo la intuición de este ingenio prodigioso que hace desaparecer los excrementos. Del inodoro integral podemos decir que es una obra pensada con talante cervantino: tan noble, caballeresca y elevada, como prosaica, plebeya y “pegada a la tierra”.                  

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