Cerveza con cafeína, lo mejor de los dos mundos

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NUEVA YORK, EFE.- La popularidad de los cocteles que mezclan licores con bebidas deportivas ha favorecido el auge de la “cerveza energética”, una bebida que combina estimulantes como la cafeína y la taurina con las propiedades desinhibidoras del alcohol. Para el bebedor compulsivo, estos elixires, que llevan nombres como “Sparks” o “BE” y están potenciados con alcaloides como la guaraná, representan “lo mejor de ambos mundos”, la receta perfecta para mantenerse alerta y poder seguir bebiendo.

“Supón que te quieres tomar una cerveza y hacer vida social, pero resulta que tuviste un largo día de trabajo y estás cansado. Pues bien, estas cervezas te dan ese impulso extra”, dice Rhonda Kallman, presidenta de New Century Brewing Company.

Esta empresa lanzó en el 2004 “Moonshot”, una cerveza tipo Pilsener con un grado alcohólico de 5% y 69 miligramos de cafeína –o el equivalente a una taza de café de ocho onzas–, y que por ahora se consigue en contados bares de Boston y Nueva York.

Pero la pionera en este negocio es “Sparks”, fundada en el 2003 por McKenzie River Corporation y cuya marca fue adquirida la semana pasada por la legendaria Cervecería Miller al ver que sus ventas crecían a una tasa anual del cien por cien.

 Desde su lanzamiento, “Sparks” –con siete grados de alcohol e infusiones de guaraná, taurina y ginseng- ha logrado distribución en todo Estados Unidos y abierto la competencia en esta prometedora variedad de la industria cervecera.

El segmento de cervezas energéticas representa apenas el uno por ciento de la industria cervecera de EEUU, cuyas ventas ascienden a los 9.000 millones de dólares anuales.

Sin embargo, su potencial de crecimiento no es para nada desdeñable cuando se calcula que el mercado de bebidas energéticas no alcohólicas puede crecer de 3.500 millones de dólares en el 2005 a unos 10.000 millones de dólares en el 2010.

Cifras aparte, “Sparks”, “Moonshot” y otras marcas como “Tilt” y “BE”, de la Cervecería Anheuser-Busch, “Kick”, de Molson, y “Shok”, de Labatt, no están exentas del juicio crítico del refinado paladar, que encuentra su sabor parecido a cualquier cosa menos a cerveza.