Chocano: poeta, declamador, duelista, combatiente y ladrón

José Santos Chocano fue el poeta nacional del Perú. Con orgullo y alto timbre, supo decir: “Soy el cantor de América, autóctono y salvaje. Mi lira tiene un alma, mi canto un ideal. Y de no ser poeta quizás yo hubiese sido un blanco aventurero o un indio emperador”. Además supo pregonar su españolería, sobre todo en lo tocante a Andalucía. Por eso manifestó: “Madre Andalucía, caja de alegría, pandereta heroica de vibrante son. Es a ti a quien debo madre Andalucía, los desbordamientos de mi fantasía y las marejadas de mi corazón”.

Se asegura que Chocano era un estupendo declamador. Decía Francisco Álvarez Almánzar que cuando “el cantor de América” estuvo en Santo Domingo, ofreció algunos recitales y una noche en el Teatro La República, cuando declamó “Los Caballos de los conquistadores”, algunos asistentes se emocionaron tanto que hasta sacaron sus pañuelos para cubrirse las fosas nasales y defenderse “supuestamente” de la tolvanera que levantaban “los caballos, que en sus nervios tenían gotas de la sangre de los caballos de la raza voladora de los árabes”.

Chocano era un hombre de mucho valor, tuvo discordias con un periodista de nombre Erwin Elmore. Y hubo que llegar a la prueba del valor, al crisol de la dignidad y al espejo del honor. Hubo que llegar al duelo. Chocano fue el vencedor. El último en buena lid, al poeta Erwin Elmore, que también ejercía como periodista. Chocano hombre sin miedo, fue atraído por La Revolución Mexicana y se incorporó a la División del Norte de Pancho Villa. El poeta se ganó el aprecio del formidable guerrillero y un día le dijo Chocano a Villa que le diera cincuenta mil dólares para pasar a la “USA” y adquirir pertrechos. El general Rodolfo Fierro advirtió a Villa, diciéndole: “Cuidado que dicen que ese poeta es un pillo”. Y Villa le contestó: “Si Fierrito, yo lo sé; pero a mí que soy Pancho Villa, me da vergüenza que un hombre tan inteligente como Chocano se dedique a engañar analfabetos… y le voy a entregar el dinero”.

Después Chocano se radicó en Guatemala y se convirtió en asiduo servidor del gobierno de Rafael Estrada Cabrera. Cuando cayó ese gobierno a Chocano lo encarcelaron y lo condenaron a muerte. El mundo entero pidió por la vida “del cantor de América”. Y de la encrucijada salió con vida. Parece que era incorregible el gran poeta que decía: “Soy de América dos veces y dos veces español. Si poeta soy ahora, fui capitán por la conquista y monarca por el sol”.

En la “Epopeya del Pacífico” pregonó: “La guerra con que Chile el cóndor fiero acosara al Perú. No ha sido por blasón de caballero, por la mujer de Menelao no ha sido. Ha sido por sentencia de la historia”. Se estableció en Santiago, la capital chilena. A orillas del Mapocho se dedicó a ejercer “sus malas artes”. Arruinó una familia araucana y un joven heredero del coraje de Caupolicán, asesinó al poeta. Eso ocurrió en el año de 1936. Recuerdo que en la prensa de Montevideo leí un día en el 1979, que los restos de Chocano fueron llevados a Lima.