Ciegos, mudos  y tontos… todo por un voto

Las campanas redoblan con fuerza.  Con sonidos casi lúdicos, buscan repartir culpas y encontrar excusas donde las pueda haber.

De repente las historias se mezclan y los espectadores parecemos una sarta de tontos que sólo somos capaces de mirar hacia el firmamento.

En estos días somos testigos mudos de un acontecer político tan circense que incluye alegados narcos y fábulas conspirativas que llaman a la risa. Nadie, sin embargo, hace lo que le corresponde: bajar la cabeza y aceptar que, a golpe de inobservancia, ha dejado que se deslicen en sus filas personajes de dudosa reputación. En todos los bandos ha sucedido. No es asunto exclusivo de morados o blancos. Cada cual ha tenido su villano de confianza y, sabiéndolo o no (jamás lo sabremos), han departido con ellos. Posteriormente, con el escándalo servido, se han puesto el disfraz de ingenuos para hacernos creer que les han tomado el pelo.

Independientemente de que tengan  la razón o no, lo que nos ha quedado muy claro es que los partidos políticos no hacen ningún esfuerzo por depurar los movimientos que los respaldan: lo que cuentan son los votos e, inclusive, el financiamiento que puedan aportar. El caso de Oscar Ezequiel Rodríguez Cruz nos deja muchas lecturas. ¿La más importante? Cómo los magos de la oscuridad financian el poder, sin importar el partido, para lograr impunidad (en el 2004 habría dado fondos a la campaña del presidente Leonel Fernández y ahora creó un movimiento de apoyo a Hipólito Mejía).

Visto el caso, si esto continúa así, llegará el día en que los políticos tendrán que escuchar con pesar la elegía que sonará por ellos mismos.