Cielo naranja
La casa de Tony Capellán debe preservarse

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Durante más de  cuarenta años la familia del artista visual Tony Capellán ha vivido en la calle Arz. Nouel, frente al Parque Independencia, ex local de Unión Cívica Nacional.

Desde hace más de diez años Tony ha convertido la azotea en taller, estudio y vivienda. Ha sido un espacio abierto para el diálogo, la creatividad, los encuentros del alma.

Mientras la zona en los alrededores del Parque se arrabaliza, sobredimensionándose –el caso de Tele-Micro- o convirtiéndose en simple cascarón –como el edificio de la Palo Hincado esquina Conde-, Tony y su familia insisten en vivir ahí.

En el 2007, en una acción de neblina, los entonces nuevos propietarios de la primera planta  Barra, una familia adquirió no sólo su local sino también el resto del edificio. Desde entonces han emprendido una acción de desalojo de la familia Capellán, apelando a veces a métodos compulsivos, y otras veces, a criterios realmente confusos, como el de igualar una casa de artista a un tarantín. Se ha apelado incluso a Patrimonio Monumental, como si la residencia de Capellán fuese una afrenta a la zona.

Es sabido que el arte y la arquitectura moderna, como entes transgresores, no siempre tendrán el favor del sentido común. También está claro que business es business y a la sensibilidad que se vaya a sembrar yuca. Sin embargo, aquí no se trata solamente de unos inquilinos que no se quieren mudar y que no permiten expandir un negocio de pastelitos, sopas y apuestas. Se trata de una familia que ha convertido muy dignamente una casa en lugar de creatividad y empresa artística. Ahí está “Contagio”, el primer espacio dominicano para venta de afiches artísticos y de enmarcados de obra, establecido en 1982. Arriba está el taller de Tony Capellán, el artista dominicano moderno más internacionalmente conocido, como muestran las bienales y colecciones permanentes de innumerables países y museos. ¿Cómo permitir que desaparezca un espacio vital para un artista reconocido por The New York Times, entre otros, como uno de los artistas más destacados del Caribe? Tal vez no se tenga en la conciencia nacional una noción del valor de este singular artista porque tal vez nadie sea profeta en su tierra, pero si no fuera por él tal vez tendríamos un nivel mucho más desconocido de nuestra creatividad en el extranjero.

Los dueños del local ejercen su fuerza como dueños y como consorcio. A Tony y su familia sólo le quedan argumentos y cada vez más escasos recursos. Al parecer cuarenta años no es nada. Ante tan desigual fuerza, ¿permitiremos este  desalojo? ¿Un artista menos en la zona colonial? ¿Ninguna familia más en los alrededores del Parque Independencia? ¿Una planta más para sopas y billetes de lotería?

Por este medio sólo queremos apelar a la sensibilidad y a la razón de las autoridades correspondientes. Lo importante es detener el desalojo y buscar una fórmula razonable para ambos.