Cielo naranja
Luis Molina, samurai light de la cultura dominicana

Pasa por ahí más silencioso  que un monje tibetano pero cuando abre su maleta tienes que exclamar uno de esos ¡Dios mío! necesariamente fuera de tono y bien altisonante.

Pienso en Luis Molina: abogado, productor, promotor, editor, alma de no sé cuántos conciertos, presentaciones, shows, donde la mejor paleta de la creatividad local ha estado nadando, braceando a contracorriente, porque la idea no son las monedas o los premios o las sonrisitas obligatorias de los faranduleros que es como decir trágame tierra.

No hay institución cultural ni Oficina del Estado que pueda presentar en sus haberes tantas producciones como las de Luis Molina en los últimos quince años y con tan pocos recursos: más de veinte discos compactos con música, poesía, rescates antropológicos; conciertos de las principales figuras de la contra-cultura dominicana, yendo desde las Cuevas de Santa Ana hasta el muy noble espacio del Teatro Nacional; . Y todo gratis, aunque usted no lo crea. Y muchísimas cosas bajables, aunque usted tampoco lo crea, y si no, acceda a la página de patinbigote.com y deje que Chiqui Vicioso, Martha Rivera, José Mármol o Alexis Gómez, entre otros, le lean sus poemas, o Alejandro Capellán o Ángel Rosario o Maurice Sánchez, entre muchísimos otros, le muestren sus trabajos gráficos.

Siendo alma de todo esto, a Luis Molina no le gusta mucho el pavoneo. Prefiere hacernos innúmeros comentarios, con un sake en las manos y el nerviosismo que lo caracteriza, porque su cabeza es como una licuadora incesante de proyectos, ideas contagiando siempre, porque siempre es posible hacer y compartir, sin paternalismos, sin grandes teorías o grandes abrazos, así, como quien no quiere las cosas, porque la cuestión es dar lo que se recibe y ya, que te vaya bien, y que no te pise un tren…

Luis Molina es un empresario cultural raro, rarísimo: produce, promueve, pero la cultura para él no es un negocio ni hay una puerta atrás, secreta. No ha pertenecido a grupos políticos o religiosos. Es más: Luis no predica. Su concepto es simple: apelar a la sensibilidad de comerciantes e industriales, sacando su chin para la cultura, valorando la creatividad y poniéndola en escena. Lo interesante de todo: Luis tiene conciencia de dejar un documento, un objeto, sea un disco o un dvd.

Mientras el resto de la humanidad cultural se muele entre cursillos de activismo y gestionismo y tallerismo y diplomas, Luis Molina es bien concreto y realista: Luis resuelve.

Difícil, por no decir imposible, será tenerlo en algún seminario hablando de globalización e identidad nacional o tratando de convencer a los incautos.

Luis Molina es un samurái light de la cultura dominicana… Adelante, Patín Bigote.

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