CIELO NARANJA
Para leerse en Estancia Nueva, Moca

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Los pájaros que en el aire  revientan, ¿quién los ha visto?

Las manos azules de Shostakovich antes de que levantaran una segunda planta, ¿en qué aire estarán trazando sus curvas de fuego?

La tiza que se va deshaciendo mientras en la pizarra penetran las olas, ¿borrará el tránsito de las hormigas?

Ando con mis preguntas como con una mochila llena de panes y sollozos. Fresca la mañana, tersa la salamandra, el cartero pasará pronto, las hojas serán recogidas, el marchante gritará sus lechozas y zapotes, yo pasaré a la página 47.

El mar está cerca. No hay palmas. Hay rocas. Rocas como dagas. Rocas sin cangrejos. Hay rocas y alguien enroscándose con su caña de pescar.

Por el Ozama sólo se deslizan cabezas de muñecas, sandalias azules y blancas, latas oxidadas y sin mensajes.

Por la Duarte sólo baja el sudor y el buen hombre de Sze Chuán.

Por la Benito bajan los luases.

Por la Abraham Lincoln  todo mundo baja con los cristales ahumados, los jamones ahumados, los rostros ahumados por el frío y las manos llenas de aguacates y mangos que no penetran al recinto en donde tú estás ahora.

Todo está bajando en Santo Domingo.

Todo se descorre.

El incienso, mis libros de Eliot que nadie recuerda haber visto, los discos de 45 RPM de Terror Días, ¿quién los tendrá?, el cumpleaños de Martha que ya nadie recuerda porque Martha está cuidando su casa como la Bastilla antes de que las cabezas rodaran.

Todo es bola de billar, manos de plástico, películas chinas sin subtitular, muñecos despeluñados, flores en el Altar de la Patria, servilletas húmedas en el saco, minutos que se acaban en el móvil, confirmaciones de que la mesa está puesta y que tú no llegas.

Lo críptico es el agua filtrada,  las fiestas de 15 años, las guerras y guerrillas por igual, Narciso en la Plaza de la Bandera defendiéndola como antes lo hiciera con Stalingrado, la mañana comenzando con los gritos de siempre, los garabatos consabidos de la Enciclopedia Humana y el mismísimo Poder de Dios descubierto en una sopa Campbell, los funcionarios que hacen y no hacen, el agua que no llega a Manganagua, los postes eléctricos derritiéndose en Los Mina, los yakuzas también en Los Mina mientras los puentes se caen por el peso de las yipetas y los bailadores del Son que se dirigen al Palacio del Son, mis fantasmas aún desolados por el Liceo Fabio  A. Mota, la canquiña que todavía deseo pero estará en Moca, en Estancia Nueva de Moca y eso, que Pedro Taveras ya escribió sus poemas, ya desenlió sus árganas, estará con sus dolores de cabeza después de un día de luces de neón, pero no importa, ya volverá a Estancia Nueva que será como recuperar el aliento, la sombra, sí, porque aquí también los amaneceres son tranquilos.