Cielonaranja
Helipuertos, ¿para que?

 POR MIGUEL D. MENA
La construcción de tres helipuertos en Santo Domingo por parte de sus autoridades municipales es la demostración de una política donde el criterio fundamental es el de la ciudad como negocio y privatización.

En un territorio de proyectos inacabados y de zonas sensibles pero sólo tocadas por la daga del deterioro, el síndico Roberto Salcedo anuncia el desmantelamiento de la Plaza Omar Torrijos, en pleno malecón, y la erección de edificaciones y pistas de aterrizajes de helicópteros.

Hay que recordar la importancia de esta plaza desde su inauguración en la gestión de José Fco. Peña Gómez (1982-1986) y el papel cumplido para el tiempo libre de sus ciudadanos. En todo el malecón la misma ha operado como uno de sus centros vitales, recuperando el viejo sentido de socialidad que brindaba la playa de Güibia, así como con la de sus ofrecimientos gastronómicos.

Ahora que se celebra la peatonización dominguera de la Av. George Washington, un logro encomiable de Salcedo, ¿por qué borrar la Plaza y privatizar este espacio?

¿Al final del malecón nos chocaremos con helicópteros subiendo y bajando?

¿No habrán otros espacios libres en estos alrededores que las autoridades municipales puedan convertir en un helipuerto, si hay que aferrarse a este proyecto?

Construir dentro de esta franja contigua al mar es un despropósito, al violar las mismas leyes municipales. Pero en esto de violarse a sí mismo la administración de Salcedo ya tiene su experiencia: sólo hay que recordar la manera tan fácil con que accedió al cierre de la calle Pellerano Alfau, donde el interés eclesiástico se impuso a la salud de la ciudad, convirtiendo una calle en un anexo del Palacio Arzobispal. Un proyecto que durante tres gestiones municipales (desde Corporán de los Santos hasta Johnny Ventura) fue una y otra vez rechazado, en los primeros días de su gobierno fue aprobado de urgencia.

La gestión de Roberto Salcedo ha logrado un indudable consenso dentro de la opinión pública. Ha logrado lo que casi ninguna gestión municipal pudo desde 1966: mantener el ornato.

Sin embargo, así como tiene sus dulces, también tiene sus agrias: Santo Domingo es una ciudad desbalanceada, donde muchos proyectos no acaban y muchísimos no concluyen, mientras una buena parte se puede quedar en el limbo.

En Santo Domingo es posible dejar cualquier ruina, no importa que esté frente al mismísimo Altar de la Patria o incluso en esta grandísima esquina de la Washington con Máximo Gómez. Mientras tanto, poco centímetros hay en esta realidad urbana que escapen a las Leyes de Planeamiento y Orden Municipal.

Sólo hay que andar por la zona de la Negreta –entre Santa Bárbara y el Muro de la Vergüenza, al fondo de la Atarazana-, o seguir por la Avenida Duarte y contemplar el Barrio Chino que no se acaba de construir y los venduteros que no acaban de reubicarse y la ruina del Parque Enriquillo que tampoco termina de arreglarse, y entonces se pregunta uno por la prioridad del nuevo invento aeropuertario.

La gestión de Roberto Salcedo se ha caracterizado por su atención a la limpieza, pero también por la intervención muchas veces descabellada en el espacio público. Ninguno como él ha logrado tumbar tantos árboles y encementar pastos e imponer bancos en lugares prácticamente inaccesibles. Bajar por la avenida Alma Máter es como bajar por una franja donde los árboles parecen de plástico, como salidos del cemento y sin poder respirar.

Frente a todo este panorama de realidades y prioridades, me pregunto, ¿necesitamos tres helipuertos?

Como dato curioso, una de las razones fundamentales esgrimidas por Salcedo es el de limpiar la zona de la Plaza Omar Torrijos de prostitutas. ¡Válganos la virgen!

Primeramente preguntémonos por el uso de un helipuerto. De las instituciones del Estado, sólo conocemos dos que utilizan aquella realización del sueño de Da Vinci: las Fuerzas Armadas y la Liga Municipal.

Se argumenta que con este helipuerto en el malecón se podrán atender a urgencias médicas producidas por accidentes. ¿Cuáles son los estudios y las estadísticas que amparan tal necesidad? ¡Si ni siquiera hay semáforos que funcionen en la intersección Avenida George Washington con Máximo Gómez!

Más que tratar de resolver el problema del transporte rápido construyendo un helipuerto, se podría comenzar a resolver el tránsito por esta avenida del malecón.

Segundo, veamos el coste del mismo.

Tercero, ¿por qué tal solución helipuertario no es producto de un estudio primero y de un concurso después? ¿Dónde está el CDIA y Obras Públicas y Medio Ambiente? ¿Quiénes harán estas edificaciones? ¿Será grado a grado?

He tratado infructuosamente de buscar información en las páginas webs del Ayuntamiento del Distrito Nacional sobre el proyecto del helipuerto. Durante mi último viaje a la Isla –diciembre y enero del 2007-, sólo pude ver con asombro la manera que desmantelaban la Plaza Omar Torrijos, sin que nadie en el lugar me diera información sobre lo que se haría después.

Es hora de que semejantes acciones sean producto de una presentación y discusión en público, donde se considere la intervención en el espacio urbano como derecho de todos.

Un helipuerto no es una ninguna solución al transporte ni a la Salud.

Con el mismo la ciudad se privatiza, lo que quiere decir, que será aún más de los pocos, de los que no podrán volar, ni aterrizar.