Cimarrones, realengos y viralatas

FRANKLIN ALMEYDA RANCIER
Alexander Esquemelín cuenta en “Piratas de América” del comportamiento de una jauría de perros cimarrones que al cercar a un toro brioso y también cimarrón, uno de ellos se desprendió del cerco para atacar al toro tomándolo por los testículos sin soltarlo hasta hacerlo caer, momento que aprovechó la jauría de perros cimarrones para atacar al toro y matarlo.

Muerto el toro los perros se recogieron para que el primer perro que atacó comiera y se saciara, como un reconocimiento a su valor, y al terminar todos los demás pasaron a comerse el toro.

Esto sucedió en el Siglo XVII, en la Isla la Hispaniola. A principio de ese siglo los españoles produjeron lo que se conoce como las Devastaciones de Osorio, por haber tenido la encomienda de trasladar las poblaciones que habitaban en la parte noroccidental de la isla y concentrarla en la parte sureste de la isla.

Todo el territorio occidental de la isla quedó despoblado. Aunque al trasladar a esos habitantes quedó rezagado mucho ganado que de manera cimarrona se fue reproduciendo en montes vírgenes, lleno de malezas y buena agua.

En esas tierras deshabitadas se fueron refugiando los que pasaron a denominarse corsarios, bucaneros y filibusteros, cuyos nombre genérico es el de piratas. Sin embargo, el Corsario recibía una patente de corso para realizar sus acciones a nombre del país europeo que se lo otorgada. El Filibustero realizaba sus acciones para pasarlas al país que mejor le pagara. Y el Bucanero fue el poblador que se asentó en lo que es hoy Haití y salía a perseguir el ganado para secar la carne primero ahumándola y conservarla para alimentación, sacarle el sebo (usado para velas) y el cuero (para correas, fondo de catres, zapatos, carteras, etc).

La isla La Tortuga se convirtió en el centro de la actividad comercial y de acciones de piratería. Allí predominaban los franceses, aunque lo hacían ingleses y holandeses. Más tarde, a mitad del siglo XVII, los ingleses se establecieron en Jamaica, después de haber fracasado en un intento por entrar a Santo Domingo, por la desembocadura del río Haina.

Los españoles no tenían interés ni fuerza militar destinada para preservar sus dominios en la isla de Santo Domingo. Concentraron sus fuerzas en torno a la ciudad de Santo Domingo, y cuenta la historia que trajeron perros que fueron liberados en los montes para que atacaran el ganado cimarrón que se acercara a esa ciudad y así evitar que los Bucaneros merodearan cerca de la población española.

Eso explica la existencia de los perros cimarrones a los que se refiere en su libro Alexander Esquemelin, los cuales empezaron a desaparecer en el curso de nuestra historia al mismo momento en que el ganado cimarrón fue también desapareciendo.

Para el Siglo XVIII lo que hubo fue importantes hatos ganaderos, los cuales se enmarcaban en un territorio con algún control por la configuración geográfica.

Los perros cimarrones desaparecieron con el ganado cimarrón. En cambio, se menciona en la historia que el ejército napoleónico utilizó en la isla, cuando trató de evitar la independencia de Haití y la liberación del negro esclavo, una buena cantidad de perros con un entrenamiento para atacar a los negros que bajo la consigna de tierra arrasada propinaron una hermosa e histórica derroca al ejército más invencible y fuerte de su época.

El perro cimarrón no volvió a aparecer, en nuestra historia. Cuando el régimen de Trujillo, como en otras sociedades, “la sanidad”, así le llamaban lo que viene siendo hoy día Salud Pública y Salud Ambiental, envenenaba los perros sin amos para evitar que las enfermedades en ellos frecuentes, como la rabia, afectara a los humanos. Hoy día en muchos países hay refugios para animales y para esos perros, donde acuden las personas interesadas en adquirir uno; pero no se permiten perros ni animales sin amos en las calles. Recientemente, mi hija Alejandra, que vive en Barcelona, obtuvo un gato en un refugio de esos.

El perro criollo, el perro dominicano, es un cruce de muchas razas que con el tiempo se ha venido produciendo. No es el perro que trajo inicialmente el descubridor del Nuevo Mundo. Debido a eso no tienen una misma característica, como por ejemplo el Pastor Alemán.

Un perro criollo puede tener el hocico de un perro Collie, la forma del cuerpo de un salchicha y la cola de un Labrador o hasta de un Pastor Alemán. Son una mezcla de Pastor, Bóxer, Labrador, Dálmata, Bulldog y en menor grado Rottweiler, Fox Terrier y Chihuahua. Los perros cruzados al no ser de pura raza han ido quedando sueltos, especialmente desde el ajusticiamiento de Trujillo y ha habido un total descuido de parte de la salud pública para evitar que sean realengos o sin amos.

Como el perro realengo no tiene como alimentarse desarrolla hábitos. Al convertirse el pollo en carne a ser comprada cada día por el pueblo, un pollero se sitúa en las aceras del barrio a venderle a sus marchantes. Junto al pollero un perro que no es del pollero sino que es realengo y a quien el pollero le tira las tripas del pollo; pero ese perro realengo sentado y apoyado en dos patas espera que el pollero sea quien le tire los desperdicios. Cuando termina la venta, el pollero se retira a su casa y el perro por el lado contrario a dormir la siesta de la llenera que recibió. Le economiza al pollero el tener que buscar dónde tirar esos desperdicios que luego se pueden poner fétidos.

El realengo viralata es una variedad del perro realengo. Este, como su nombre lo dice, voltea zafacones y busca alimentación haciendo todo un reguero. Al pollero no le gusta tener cerca al realengo viralata porque en un descuido se lleva un pollo de la mesa.

Entiendo que el señor Hugo Tolentino no tenga esas informaciones históricas, aunque puede que sí las observaciones de ese comportamiento social relacionado a los perros dominicanos, puesto que él se hizo abogado, no ejerció el derecho, sí recuerdo que luego pasó a ser profesor en la Escuela de Sociología.

El perro traído por los colonizadores no es el perro criollo ni el viralata ni el realengo. Aquel puede asociarse al cimarrón, pero el criollo es un cruce de muchas razas, como hemos dicho. Ese cruce no gusta de los criadores de los dominicanos y por eso en los semáforos compran perros que parecen de raza y frecuentemente tienen algún cruce.

La pureza de la raza la certifica en nuestro país la Asociación Canina que expide un pedigrí por los perros bajo su regulación.