Círculo vicioso

Los promontorios de desperdicios han reaparecido en diferentes puntos de la capital y de Santiago, como testimonio de que ha reincidido en sus habituales fallas la estructura municipal de recogida de basura.

El Ayuntamiento del Distrito Nacional, que dicho sea de paso responde a la misma línea política que el Gobierno Nacional, alega que las fallas en la disposición final de desperdicios se deben a que el mal estado de la carretera de acceso al relleno sanitario de Duquesa dificulta la circulación de los camiones recolectores. La carretera en cuestión y el vertedero mismo están ubicados en un municipio regenteado por un ayuntamiento que responde al opositor Partido Revolucionario Dominicano y hay quienes atribuyen a esa relación el hecho de que no se haya procedido al arreglo de la vía con la misma presteza que ha sido restablecido el tránsito terrestre hacia Higüey.

Por cierto que una comisión de regidores afirma que el Ayuntamiento del Distrito Nacional ha pagado de más RD$70 millones a varias compañías recolectoras que tiene contratadas. Uno se pregunta si semejante suma no habría sido suficiente para solucionar los problemas de acceso a Duquesa y despejar así el grosero panorama que brindan los montículos de desperdicios por doquier.

Los problemas de recogida de basura en la capital son cíclicos y no ha habido forma de lograr que cesen y que haya una oportuna y adecuada disposición de desperdicios.

El caso de Santiago tiene también sus particularidades. Se trata de una ciudad de gran auge agroindustrial que por autogestión construyó su propio aeropuerto internacional. ¿Cómo entender que la Ciudad Corazón deba desenvolver su vida bajo la humareda de desperdicios incinerados?

-II- Los ayuntamientos han sido despojados de muchas de sus facultades, que han sido asumidas por el Gobierno Central a través de diversos organismos. Sin embargo, en términos financieros a los gobiernos municipales no les va tan mal, pues aparte de sus ingresos naturales por aplicación de arbitrios, reciben una porción de los ingresos fiscales generales del país. Antes requerían más personal porque disponían de equipo de recogida de desperdicios que debían operar y mantener, lo que les generaba gastos enormes. Ahora contratan los servicios de firmas privadas. Con menos deberes y personal y más recursos, no se entiende cómo no pueden atender de manera eficiente servicios tan elementales como la recogida y disposición final de desperdicios.

Desde luego, sería injusto atribuirle toda la culpa de la acumulación de basura a los ayuntamientos. Si los dominicanos fuésemos a reclamar la quiebra de alguna marca mundial, esa debería ser la de producción de basura y el desparpajo para disponer de la misma. Hay que reconocer que somos dados a arrojar desperdicios por doquier y a no respetar las reglas más elementales de higiene. La ciudad más limpia no es aquella en que más se recoge, sino la que menos basura produce.

De cualquier modo, las fallas en la recogida de basura son muy frecuentes, recurrentes, irritantes y si de algo son responsables los ayuntamientos es de no eliminar las causas de esas fallas ni orientar debidamente a los ciudadanos para que aprendan a manejar más adecuadamente los desperdicios que producen.