Ciudadano EU narra pesadilla en Bagdad

LOS ANGELES (AFP).- Un estadounidense que viajó a Irak a filmar una película y fue detenido 55 días por el ejército de ese país, bajo sospecha de ser un “combatiente enemigo”, contó el domingo su “pesadilla” a los medios.

   Cyrus Kar, de 44 años, un profesor universitario de Los Angeles apasionado por la historia, se encontraba en Irak para filmar un documental sobre el emperador Cirio el Grande (576-529 AC), fundador del imperio persa, cuando su taxi fue interceptado por un control callejero en el norte de Bagdad, el 17 de mayo.

   El destino de Kar, nacido en Irán pero ciudadano de Estados Unidos, adonde emigró en 1966, cambió cuando los soldados iraquíes descubrieron en la valija del taxi 35 minuteros que sirven para la fabricación de explosivos artesanales, explicó Kar a los diarios The New York Times y Los Angeles Times.

   Kar, su camarógrafo iraní y el chófer fueron arrestados y remitidos al ejército norteamericano. “Me dije que nuestra desventura iba a terminar (pero) no era más que el comienzo de una horrible pesadilla”, subrayó el profesor.

   Pronto Kar se encontró en una sala de interrogatorio frente a soldados aparentemente poco convencidos de sus declaraciones de inocencia. “Uno de los guardias no paraba de decir: ‘Tú tendrás grandes problemas (…) Tú eres un combatiente enemigo. Tú eres un terrorista estadounidense, el próximo John Walter Lindh'”.

   Lindh es un joven estadounidense capturado en el otoño (boreal) de 2001 en Afganistán, después de ser hallado culpable de combatir del lado de los talibán. Hoy purga una pena de 20 años de prisión.

   El cineasta aficionado confiaba en que el malentendido se aclararía, sobre todo cuando supo que el chófer había reconocido que los minuteros eran suyos.

   Pero Kar quedó preso y, al día seguiente, un militar le espetó, antes de ser reprendido por un superior: “En el pasado, se te desvestía y se te apilaba”, en alusión a las fotos de abusos en la prisión de Abu Ghraib que provocaron un gran escándalo en en mayo de 2004.

   Sin embargo, encadenados y esposados, Kar y su camarógrafo fueron pronto transferidos de ese centro penitenciario. Un policía militar le gritó a Kar que era un “terrorista” y el profesor, ex voluntario en la marina, replicó “estadounidense”. En respuesta, le golpearon la cara contra un muro.

   Los dos hombres fueron de nuevo transferidos, esta vez a la prisión Cropper, cerca del aeropuerto internacional al sur de Bagdad. Dos miembros del FBI, la policía federal estadounidense, le explicaron a Kar que tenía derecho de permanecer en silencio y de llamar a un abogado.

   Pero el documentalista supo en seguida que ningún abogado estaba disponible. Y uno de los agentes le dijo que la última persona que quiso quedarse callada “hace diez años que está en un hoyo en Afganistán”.

   Kar consintió entonces ser sometido a un detector de mentiras y permitió que su domicilio en Estados Unidos fuera registrado. Según contó, los policías le preguntaron incluso a quién había votado en las elecciones presidenciales de 2004 en Estados Unidos.

   Preocupados, los miembros de la familia de Kar en Los Angeles contactaron al FBI, que a mediados de junio acabó diciéndoles que su pariente estaba “blanqueado”. Pero Kar tendría que esperar hasta el 10 de julio para ser liberado, lo cual ocurrió gracias a gestiones de una asociación estadounidense de derechos humanos.

   De regreso en Los Angeles, Kar no oculta su amargura: “Tengo el mayor respeto por los soldados de la tropa, pero es el sistema el que está pervertido. Cuando un iraquí esta preso, hay una suerte de cólera y avidez de revancha”.

   Consultado por el New York Times, un alto funcionario estadounidense en Irak indicó que Kar había sido tratado en forma correcta y de acuerdo con “procedimientos bien establecidos”.