Clima y planificación de  los  riesgos

AMPARO CHANTADA
Semana Santa extraña, lluvias, oleaje; muchos, pensaron ¿qué pasará? Las olas inusitadas afectaron sin ninguna duda, la ecología de la costa, en particular sus ecosistemas como las playas y su masa arenosa, los manglares, el fondo marino, la profundidad de las playas, las barreras de corales, la vida marina de poca profundidad, sin dejar de mencionar el manto freático.

En el Este, el oleaje penetró en las instalaciones hoteleras, demostrando, la elevada vulnerabilidad de la zona, de sus instalaciones y su reserva de agua dulce.

El clima se configuró como riesgo, puesto que las condiciones meteorológicas adversas demostraron que el ámbito turístico tiene una elevada vulnerabilidad frente a las amenazas de índole climática: la población como las infraestructuras se vieron afectadas por el oleaje anormal que podrían ser expresiones de “climatopatologías” como son las olas de calor, los vientos de arena, las precipitaciones torrenciales, las tormentas severas como Noel y Olga.

El cambio climático podría transformarse para nuestro país en una amenaza real y sus efectos impredecibles: la elevación del nivel del mar, la pérdida de zonas costeras, las sequías, la salinización del manto freático con ciclones y tormentas más violentos y fuera de temporada, son estos elementos geofísicos que amenazan las construcciones costeras.

Vulnerabilidad es haber permitido construir en las playas del Este, casi en el Océano mar Caribe. Prevención y mitigación hubiera sido construir un gran malecón entre el mar y los hoteles, se hubiera respetado el derecho al libre tránsito y defendido la soberanía nacional y con una adecuada vegetación, se hubiera construido una barrera natural de protección contra los vientos.

En Semana Santa, el mar amenazó a los turistas, a los hoteles, piscinas, restaurantes, manto freático; que se aprenda la lección.