Coctelera

Muy buenas, mi querido Magino. Tengo para decirle que aquí gozamos todos o se rompe la baraja, como acostumbraba decir el extinto profesor Juan Bosch. Mañana sábado gozará el presidente Leonel Fernández, en San Francisco de California, no de Macorís, cuando se descubra una estatua que los Gigantes dedican al criollo Juan Marichal. Mucha gente goza con la decisión de don Hipólito de no acudir a una cita que se le ha formulado en un juzgado. Otra gente goza con las lluvias caídas. Y ¿qué decir del gozo que ha provocado el nuevo Reglamento que rige los espectáculos públicos, la radio y la televisión quisqueyanas?…

Ahora nos toca gozar un chin a nosotros, pues sin duda alguna que come-solos han ideado un novedoso y sofisticado plan para seguir comiendo: trocar multas por platos criollos y no dude usted que los exóticos vengan luego. Tenía que ser en los predios de Salud Pública donde naciera la vainita esa. Allí se demuestra que las multas no tienen que ser impuestas, exclusivamente, por los tribunales o por vía administrativa en algunos casos. Se ha creado el original sistema de que si usted es empleado de transportación en el departamento oficial y mete la pata, nada de sacarla pronto para quedar bien. La macana funciona y dependiendo de la gravedad de la falta, se le impone la multa, consistente en ¡alimentos!…

Por ejemplo, a Juancito Carburador le sorprenden al llegar con retraso a su trabajo y la multa no se hace esperar: usted tiene que traer dos pollos, mi amigo, pollos que serán destinados al “cocinao” que se destina a los propios empleados. Hay multas consistentes en carne de res, de cerdo y los consabidos víveres y vegetales para las ensaladas. El comesolismo ha llegado a la conclusión en ese departamento gubernamental de que multar con alimentos es algo que duele poco, pues los multados también ejercitan las mandíbulas a la hora de la masticación. ¡Enhorabuena a quienes muestran tanto talento y tanto ingenio!…

En cuanto al dichoso Reglamento para el funcionamiento de la inoperante Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía (CNEPR), cabe suponer que los comisionados no tendrán la flema de salir a hablar mas pendejadas, después que desde el mismo Palacio Nacional le han metido sus torpeditos al citado Reglamento que, al parecer, nadie leyó allí. Y al hablar de leer, el presidente de la CNEPR dijo que el anteproyecto fue enviado a más organizaciones que el carajo y solo unas poquitas hicieron observaciones. Eso nada tiene de raro, pues aquí se guarda silencio para después joder la pista al máximo…

Aun cuando se da por un hecho que el gobierno revisará el Reglamento, sería muy oportuno que, dentro de un contexto general, el instrumento se agregara a una interpretación correcta de la melodía “Cariñito Azucarado”, de Enriquillo Cerón. ¿Se olvida usted de que en la canción se oyen unos versitos que dicen “comenzó por un dedito/y la mano agarró”? Eso puede pasar con el Reglamento del carajo ese. Si no se grita a tiempo, si no se escandaliza, si usted quiere usar ese término, los fundamentalistas que se esconden en los gobiernos mañana pueden extender sus tentáculos hacia otras áreas. Los moralistas de pacotilla siempre están al acecho para cercenar libertades públicas y consideran que de esa manera consolidan su poder. No saben que, en realidad, es todo lo contrario…

El gobierno ha dicho, al dictar el Reglamento comentado, que se trata de modernizar y eficientizar sus instituciones “actuando en consonancia con los tiempos modernos”. Pero, ¿qué ocurre, Magino? Se dicta un Reglamento que sustituye uno de marzo de 1971 y que se inspira en una ley dictada por un régimen totalitario también en marzo, pero de 1949. ¿No hubiera sido más práctico, más lógico, modernizar y eficientizar la ley que da origen al Reglamento? ¿O es qué se hace una verdad eso de que poco o nada importan los textos de las leyes si usted tiene la facultad de escribir los reglamentos para aplicarlas? Bien, caro viejo, debo desearle felices pascuas y un próspero año nuevo y exhortar a los panaderos a que sigan haciendo teleras, que sin teleras no hay país. En cuanto a las reivindicaciones necesarias, no os desesperéis, y escuchad, su merced, que algún día ahorcan blancos.