Coctelera

Decía el inolvidable Freddy Miller Otero, ese extraordinario artista dominicano, que La Voz Dominicana o Radiotelevisión Dominicana, era “el manicomio mejor organizado del Caribe”. Y razón no le faltaba a Miller Otero, borrado del mapa, misteriosamente, en las postrimerías del régimen de Rafael L. Trujillo, poco después de salir a una excursión de pesca en las aguas dominicanas. Siempre he tenido la impresión de que Freddy y sus compañeros de aventura fueron víctimas de la draconiana orden impartida a las Fuerzas Armadas en esos días: bombardear toda embarcación que se sospechara llevaba personas que querían escapar del país.

 

Entiendo que lo de Freddy y sus compañeros vino por “confusión”, pues el jefe de la Fuerza Aérea, en esos momentos, era nada menos que su hermano, el general Fernando A. Sánchez hijo…. Pero bien, Freddy expresaba que el jefe supremo de la planta radiotelevisora, el general José Arismendy Trujillo Molina (Petán), había hecho de la estación un verdadero reducto de poder, consciente de que el poder real de la nación no iría a sus manos jamás. Por eso, Petán Trujillo tenía una especie de microgobierno, en el cual mantenía una rígida disciplina, a veces muy exagerada y dictaba decreto, resoluciones y otras vainitas más…. Es innegable sin embargo, que pese a formar parte de un todo dictatorial, RTD-TV se convirtió en una fuente única de trabajo para los artistas dominicanos y durante dieciocho horas al día se presentaban espectáculos en vivo, con las figuras más cotizadas de la nación. Desde el punto de vista internacional, cotizados artistas extranjeros anhelaban ser contratados por la planta dominicana, una de las mejores del área, junto a México y La Habana…. En ese “manicomio” definido por Miller Otero, pasaban cosas ¡que para qué le cuento! Por más descabellado que parezcan algunos episodios, sin duda que reflejan la vida de la época, con servilismo por un lado, resistencia muy encubierta por el otro. Por ejemplo, a la entrada del edificio por la entonces Ciudad de Miami, fue colocada una pintura, tamaño heroico, obra del genial criollito puertoplateño don Jaime Colson. La pintura mostraba al general Petán Trujillo, vestido de militar. A su lado aparecía una “lomita” de libros y al fondo se veía un busto de Luis van Beethoven. Si la memoria no me falla mucho, creo que en letras doradas, al pie de la pintura, aparecía la leyenda “al esfuerzo de este hombre se debe esta gran obra”. Pues bien, caro Magino, un alto oficial de la Policía se paró frente al cuadro y en un alarde de chulería sin límites, comenzó a recitar un inacabable rosario de elogios, no a la obra de Colson, sino por mostrar ésta a Petán Trujillo. Llegó el momento en que al no registrar más abjetivos para endilgarlos al hermano de El Jefe, guió su mirada hacia el busto de Beethoven, con melenita y todo. En un nuevo alarde de servilismo, el oficial policial exclamó: “Estos pintores son el diablo, pues fíjese usted como han captado, maravillosamente, a Mamá Julia”. El ignorante confundió al músico de leyenda con la progenitora de los hermanos Trujillo Molina. El locutor Secundino Antonio del Villar parado junto al oficial cobero, le dijo: “Mayor, esa no es doña Julia, ese es un busto de un músico llamado Beethoven”. El oficial, dándose cuenta de la metida de pata que había dado, solo atinó a decirle a Secundino: “Valito, aquí nada más estamos usted y yo y no hemos hablado nada”…. Una mañana, mi querido Magino, recién inaugurado el edificio, apareció debajo del cuadro de Colson una sordina llena de orines. ¡El corredero! Investigaciones por doquier, hasta que se estableció que cerca de por allí habían estado los músicos de la San José. Uno de ellos, el percusionista Luis Rosario (Palito), admitió la responsabilidad en el hecho y manifestó que había asumido esa actitud en vista de que a Petán lo habían engañado, pues construyeron el edificio en el área de ensayo para las orquestas, no había un solo sanitario. Más corredero todavía, pero esta vez del ingeniero constructor, Luis A. Iglesias Molina (Tribito). En tiempo récord, mi querido Magino, fueron colocados orinales e inodoros para el uso de los músicos que usaban las áreas de ensayos. Pero ahí no terminó todo. Los músicos, jodedores de profesión, buscaron una foto de Luis Palito y la colocaron a la entrada de los baños y debajo le pusieron una leyenda que decía ¡al esfuerzo de este hombre, se debe esta gran obra! Luis Palito, pese a todo fue condenado con su cancelación. Jamás volvió a RTD-TV.