Coctelera

¡Cuántos cuartos para Haití? ¿Los darán o todo será retórica?… q ¡Hola, don Magino! ¿Bien todo? Diga que sí, engáñeme o trate de hacerlo y engáñese usted mismo o busque la manera de hacerse un cuentazo de los buenos. Acabo de leer, viejo verde, que el grupo económico asiático Kin Dinh International, me dicen que vietnamita, proyecta una inversión “inicial” de 60 millones de dólares en el país.

Que entre otros negocios, planea instalar una industria para ensamblar vehículos de motor. Eso si que sería bueno y atractivo. Naturalmente, caro Magino, hay que pedir al Altísimo que todo ese asunto no se quede en “boquita azucarada”, como las inversiones de los Jeque árabes en Bahía de las Aguilas y otras zonas, o como la ensambladora de aviones anunciada por el presidente Hipólito Mejía en base a declaraciones de empresarios de Ucrania durante los días en que visitó ese país… Ya, en Francia, “comenzó su trabajo la escuela”. Un documental de 30 minutos de duración fue proyectado para mostrar la “esclavitud” que existe en Dominicana al comenzar un nuevo siglo. Se muestra a los haitianos en bateyes del Este y en la industria de la construcción hotelera en Punta Cana. Se habla del salario de explotación que se paga a los obreros vecinos. Y se anuncia que el 15 de mayo se abrirá una exposición para mostrar como viven los haitianos en virtual estado de esclavitud… Lo triste de todo ésto, mi querido Magino, es que los alegres franceses no pudieron ir a Haití y filmar allí un documental de como viven los nativos de esa nación tan explotada. Una nación tan explotada, en ocasiones, por los traviesos seguidores de los gozadores del Molino Rojo. Francia puede hacer mucho por Haití, sobre todo en el aspecto económico. Pero es mejor, para ellos, aspirar que República Dominicana se chupe el cajuil. Ellos, al considerarse “amigos de Haití” creen haber cumplido con su deber y los demás que se jodan… ¿Conoce usted, don Magino, al reverendo Telésforo Isaac? El señor Isaac es obispo emérito de la Iglesia Episcopal Dominicana. Vivió años en Haití y conoce al dedillo la vida en esa nación. El reverendo Isaac ha salido al frente a quienes fustigan al país por supuesto discrimen a los haitianos. El reverendo anglicano ha dicho, sin muchos rodeos, que ningún segmento del Estado ni de la población quisqueyana trabaja en contra de los derechos de los haitianos que residen aquí, legal o ilegalmente. Y entonces suelta la bomba; quienes viven hablando en el país de discrimen contra los haitianos, generalmente explotan la obra de mano de esa gente. Y de inmediato, el reverendo Isaac tira balas que se convierten en salva por la actitud de los poderosos: reclama a Francia, a Estados Unidos y a Canadá, que vayan en auxilio de la pobre nación caribeña. El religioso les advierte, eso sí, que ayuda no significa concurso a Fuerzas Armadas, remisión de soldados, sino el suministro de lápices, de educación, de médicos, de medicinas y otras cosas que contribuyan al bienestar de esa población tan sufrida. ¿Oyó doña Sonia?… Aquí las cosas pasan y por más graves que puedan ser no despiertan ni siquiera la rabia de la colectividad. Como que nos acostumbramos a lo peor con una indiferencia que pasma. Por ejemplo, hace un par de semanitas que el director de la Escuela de Contabilidad de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) denunció que muchas empresas se resisten a la transparencia de sus estados financieros. El funcionario denunciante, señor Norberto Hernández, manifestó que hay empresas que prefieren mantenerse en el estado de los chanchullos. Pues bien, Maginito, eso lo dice el director de una escuela de la universidad del Estado. ¿Qué reacción hubo a su pronunciamiento? Ninguno. En cualquier país con un poco de criterio institucional, una denuncia de esa naturaleza cuando meno mueve a las áreas impositivas de la nación, independientemente de las judiciales. Aquí no. Aquí se ha hecho un chiste. No joda nadie… Todos sabemos por estos lares y solares que los soldados y los policías no están bien pagados. Es más, ni siquiera la oficialidad recibe un salario decente en un medio que cada día es más costoso. Todo eso hay que buscar la forma de resolver de una manera satisfactoria para todos. Pero que me perdone el agresivo capellán marino que dijo que soldados y policías que delinquen lo hacen, generalmente, por los bajos sueldos que percibe. Mire, buen señor, lo hacen porque llevan adentro el virus de la delincuencia y no son más que unos atracadores en potencia. Dígame usted ¿qué necesidad tiene un salteador de éstos, militar o policía, de matar a un infeliz al cual han robado, hecho que se ha presentado muchas veces en esta acongojada nación? Cuanto ocurre es que, independientemente de ladronzuelos, son también criminales en potencia. Y al carajo con el resto.