Coctelera

Alfonso Villamarzo Martínez -sencillamente Alfonso Martínez- fue mi entrañable amigo de toda una vida. Ese cariño -con el perdón de Buesa- “venía de lejos”. Su madre, doña Petra, era persona muy querida por mi madre y mi abuelita. Alfonso Martínez era un hombre bueno.

Fue un pilar de la locución dominicana, que podía pararse al lado de Vinicio Saladín, Guigó Vallejo de la Concha, Juan Llibre, Frank Arredondo, Pedro Julio Santana, Ramón Rivera Batista, Julio César Félix, José Antonio Núñez Fernández, todos maestros de la dicción, exigentes con la pronunciación correcta del idioma. Alfonso fue el eterno compañero del poeta Héctor José de Regla Díaz, “el hermano que Dios no quiso darme”, según escribió el bardo azuano en una obra poética que le dedicó. Las emisoras HIX, HIN, Radio Continental, La Voz Dominicana y HIZ disfrutaron, entre otras, de la valía de Alfonso en una cabina. Sus “Delicias Musicales Reuter” hicieron época en la Z. Fue el locutor comercial de más rating en las transmisiones hípicas que realizaba Simón Alfonso Pemberton desde el viejo Perla Antillana. Incursionó como locutor en emisiones deportivas con la aceptación del público. Desde hace años estaba retirado de la radio. No tocó la época de zafra pero jamás mostró amargura ni cosa parecida. Era hermano de Julián Espinal, conocido como Potemkin, a quien la política partidarista marginó de su calidad radial al renacer la libertad en el país. Potemkin dirigió una emisora en Buenos Aires. Fue conductor de Radio Reloj en La Habana y lo mismo hizo en San Juan de Puerto Rico. Alfonso venía enfermo desde hace algún tiempo. El domingo de Resurrección sus restos fueron sepultados en esta ciudad. Paz a sus restos y mi pésame a la querida Silvia, su esposa y compañera y a todos sus familiares… El senador Andrés Bautista Gómez, antiguo presidente de la Cámara Alta y miembro destacado del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), entiende que el salario de los agentes policiales debe ser elevado. ¿Anjá? ¿Y qué se jodan los guardias y los marinos? Ahora bien, Magino, hablando en serio, tiene razón el senador Bautista Gómez cuando considera que con un salario de cuatro mil pesos al mes, ningún policía puede luchar contra el crimen. Y aquí viene la relatividad del caso. El Coctelero se pregunta, mi querido Magino, cuánto debe ganar un raso de la Policía para poder arrestar a un funcionario que devengue 100,000 pesos al mes y desbarate el Erario con un asalto indiscriminado?. No veamos solo el crimen en la base. El robo es un crimen y quien lo comete, no importa donde se encuentre ubicado, merece que Don Tranquilino juegue con él… Aquí se necesita, viejo vagabundón, plena conciencia política y educación por encima de todas las cosas, a la hora de luchar contra el delito. Y ambos factores convergen en un punto esencial: si no hay una justicia limpia, pura, que jamás se preste a chanchullos, de nada valdrá que un policía gane más que el presidente George Bush aún cuando trabaje más que éste. El crimen no se combatirá sólo con una Policía bien capacitada -y capacitación necesita por pipá- ni con sueldos de lujo para sus miembros. Se necesita preparación y un salario decente, es cierto, pero también se requiere una justicia sana, que castigue al criminal de la base, pero que no se aprieta cuando sea necesario atornillar en una celda al ladronazo que se siente protegido, no importa en que poder del Estado se encuentre ubicado. Y, por favor, a dejar de lado la demagogia, que con eso no se consigue más que enredar la madeja, todo en un pueblo que ya está harto de que quienes pudieron predicar con el ejemplo y no lo hicieron, se quieran convertir ahora, por cuestiones puramente políticas, en profetas y protectores de quienes nos han dado tantos delincuentes como los que deben perseguir. Y se acabó. Por hoy… Maginito querido, que duro fue conocer que la colega Martha Sepúlveda se fue para siempre. ¿Cómo olvidar a la muchachita que acompañaba a Emily Tueni  en el  periódico Hoy? ¿Cómo dejar de recordar en nuestra redacción de sociales, a la periodista trabajadora hasta la tambora? Martha fue siempre una muchacha alegre, jovial, bromista, con un gran sentido del humor, pero también respetuosa en grado sumo. Su trabajo la hizo ascender en una carrera tan difícil como la del periodista. A la hora de su deceso era directora de una revista semanal que se edita en El Caribe. A Dios elevo mis preces por el alma de mi querida “enanita”, con quienes tantas bromas gastábamos a nuestra editora Emily Tueni, a quien llamábamos Emily Twenty.