Coctelera

Magino, viejo amigo, descanse tranquilito, junto a los suyos, en este fin de Semana Santa y en el domingo de Resurrección. Medite. Ore. Pregúntese qué hace usted por su país. Y acérquese un poco a Dios… La Junta Central Electoral (JCE) ordena quitar propaganda política a favor del presidente Leonel Fernández de los edificios públicos. ¡Por algo se comienza!….

 Un alto funcionario dijo el pasado lunes, que ahora “todo el mundo” está loco por prestarle dinero al país, contrario a lo que ocurría en la administración anterior. Pero bueno, Magino, ¿acaso no se le ha criticado a esa administración haber endeudado el país hasta la tambora? El funcionario parlanchín no se dio cuenta de la metida de pata que daba. En primer término, la llamada administración anterior se dio gusto tomando dinero prestado, sobre todo a corto plazo. Y este gobierno, ni hablar, está con el cepillo en las manos para recibir créditos… Fidel Castro Ruz, ahora como columnista de Juventud Rebelde, pronostica una hambruna que afectará a más de tres mil millones de personas, si se toman alimentos para producir combustibles. El presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva afirma todo lo contrario. ¡Ah dichoso etanol que hace cosas! Mire, Magino, no sé quien tendrá la razón en este asunto. Lo que sí le aseguro es que el precio del maíz irá hacia las nubes y, por tanto, los granjeros avícolas que tanto lloran elevarán el precio de los pollos y los huevos que eso será un gusto…. ¿Se ha fijado usted, don Magino, que no hay día en que se deje de hablar del “problema haitiano”? Sabemos, de sobra, que la migración haitiana, de indocumentados, constituye una dificultad que se presenta a los dominicanos. Pero esta dificultad no podrá resolverse con medidas violentas, aunque sí es deseable que el gobierno, como gobierno al fin, ejerza su autoridad en todo momento y en toda ocasión. La migración haitiana, la denominada ilegal, tiene que ser controlada. Eso está muy claro. Ahora bien, mi querido Magino aunque nos guste o nos disguste, hay que admitir que la migración haitiana ya forma parte de un componente de la economía dominicana. No importa la razón que haya provocado ese paso. No importa lo irresponsable que hayamos sido para llegar a esa situación. Lo que está muy a la vista es que en los bateyes azucareros el peso de los braceros haitianos se mantiene con toda su fuerza y sin esos braceros el corte de la caña sería una grosera mentira… Por múltiples razones aquí no se atendió el campo. En forma errada, se creyó que todo campesino era agricultor y la ciudad nunca fue al campo. El resultado fue sencillito: el campo vino a la ciudad, para complicar la vida de esa ciudad, en forma por todos conocida. El abandono de la campiña por parte del agricultor, provocó la entrada masiva de los haitianos al sector de la agropecuaria, sector en el cual ya había hecho sus pininos, aprovechándose de terratenientes y productores explotadores, quienes rechazaban pagar un salario decente al criollo y preferían al desesperado haitiano, haitiano que, con el paso de los años, hoy reclama sus derechos a una mejor vida…. El haitiano que dejaba los bateyes, o simplemente cruzaba la línea fronteriza y venía para la capital, invadió la industria de la construcción. Las labores pesadas que el dominicano rechazaba, prefiriendo la yola, eran aceptados por el migrante vecino. Al comienzo, el haitiano trabajaba por cualquier chilata para la subsistencia y eso agradaba a estúpidos constructores. Hoy el haitiano reclama un salario que habría que pagárselo al dominicano y está bien asesorado para acudir a los tribunales, acusando a inescrupulosos que creen que la explotación del hombre por el hombre es una virtud…. Usted verá, caro Magino, que los haitianos se dedican a distintas clases de pequeños negocios, desde la venta de cuadros y pinturas, el expendio de frutas, pasando por los puestos de quinieleros, billeteros, etc. La llamada “economía informal” ha sido invadida por los haitianos, como han invadido la de Nueva York y San Juan de Puerto Rico los dominicanos que han desafiado la muerte en una frágil yola en busca de una vida mejor. Sería injusto de mi parte no reconocer que la inmensa mayoría de los haitianos indocumentados observa una conducta correcta y por ese motivo es aceptada por la colectividad dominicana, que no la discrimina ni la persigue. Le pregunto, Maginito, ante el crecido número de haitianos que ejercen funciones de “sereno”, ¿quién pone la seguridad de su casa y la de su familia en manos de una persona que es perseguida discriminada por usted mismo? Creo, Maginito, que el problema haitiano tiene que ser enfrentado con energía por el gobierno y que la situación de esa migración tiene que ser regularizada, con la aplicación estricta de la ley y la observancia de un enunciado no escrito en libro de política alguno: la cabeza no es una percha para colocarle un sombrero o una cachucha.