Coctelera

¡Oh, Señor Dios Todopoderoso, imparte tu sagrada bendición a los legisladores que dieron su aprobación a la construcción de la Isla Artificial! Esos legisladores, como diría Ricky Noboa, “acudieron al llamado de la patria”, aunque la patria se joda. Deploramos que legisladores se abstuvieran de votar, unos, y que lo hicieran en forma negativa otros, para que se construya la “Cucurrucucú Island”. Naturalmente, Magino, a mi que no me vengan con vainas, pues aún cuando carezco de pruebas, tiene que haberse registrado algún convenito entre Gobierno y oposición, pues diputados y senadores fueron muy generosos a la hora de aprobar préstamos y proyectos oficiales. A lo mejor eso es, entre otras cosuanitas, para que no se joda con el festival de pensiones a favor de perredeístas marginados de la fortuna. ¡Aquí pasan cosas, mi querido Magino! Pero no se apure, viejo decepcionado, que algún día pasan lista…  En lo que esa lista se pasa viejo anacrónico, hay que tomarle la palabra a Rafaelito Núñez y a Rodríguez Marchena, voceros gubernamentales, quienes afirmaron ayer que la isla no va. Rafaelito fue muy categórico cuando dijo que para que se aprobara a nivel presidencial la pendejada esa, se necesitaría “otro presidente”, pues Leonel Fernández nunca ratificaría lo que se entiende como una vagabundería de altos quilates. Si eso es así, viejo adorado, hay gente que llora, pues ya hacía cerebro con su nueva dirección “Cucurrucucú Island 69, Parte Atrás. Por cierto, Maginito, ¿vió usted ayer el noticiario del 9, a mediodía? En la Cámara de Diputados, al concluir la sesión, entre los gritos de aceptación y de protesta, se vió al diputado perredeísta de los chinos dando gritos de que había trece millones de pesos no sabemos para qué. En una pregunta tontita: ¿por qué el presidente de la Cámara, Alfredo Pacheco, tomó las de Villadiego?…  Ahora bien, mi querido Magino, Usted no se imagina el favor que sus legisladores —lamentablemente la mayoría se van— hacen al país con la aprobación de la construcción de una isla artificial frente al malecón. Para comenzar, ¿le han dicho a usted cuántos miles de millones de toneladas de tierras se necesitan para el rellenito de lugar? Por ahí se dice que le tiene echado el ojo a una montaña de Barahona y que la tierra será traída en barcazas. ¿Se imagina usted cuantos viajes tendrá que dar esas barcazas? Supongo que usted no ignorará el dinero que se mueve en ese movimiento de tierra. Hay que imaginarse que el cemento que se necesita allí no tiene madre, pero eso puede resolverse fácilmente, es más, consiguiéndolo hasta a precio de costo, aún cuando eso es muy peligroso. Viejos patrocinadores de la jodida isla esa han dicho que no tendrán dificultades con la energía eléctrica. Eso sería buenito de verdad, pues me gustaría ver lerenes robándose la luz en la isla para traerla a la capital…  Una de las cosas que más espero de la isla es la escogitación de su senador y cuando menos dos diputados. Habrá que elegirle su síndico y sus regidores y construirle su edificio para alojar a estos carajetes. No sabemos si los guardias y policías dominicanos tendrán jurisdicción sobre la isla artificial. Esperamos que se permita actuar a esos servidores públicos en la isla, pues en caso contrario, ¿a quiénes picotearían los sábados para comprar su billetitos y quinielitas, dos obras de amor y educativas que patrocina el Estado para el embrutecimiento de sus ciudadanos? La aprobación de la isla ha mostrado lo ingrato que son los electores criollitos, pues el 16 de mayo pasado patearon a sus entonces legisladores perredeístas. Y esos legisladores sí han mostrado, en cambio, que son agradecidos, pues al dar su voto, le han quitado de encima esa vaina al Congreso que entra. Usted no podrá acusar al peledeísmo gobernante de aprobar la isla y créditos jodones, pues eso lo hizo “el gobierno saliente”. Pero no se apure, Magino, que en poco tiempo, hablamos, pues los que se van y los que vienen son la misma vaina.