Coctelera

“Consideramos que una buena forma de darle a la población la opción para comprar medicamentos a precios bajos, es que los médicos en sus recetas le den al paciente y al farmacéutico la oportunidad de suministrar un medicamento genérico similar y que las recetas salgan con los nombres genéricos y los comerciales de marca. Esto se hace en países tan avanzados como los Estados Unidos. ¿Por qué no puede ser implementado en un país pobre como la República Dominicana?”…

Mire, querido viejo, al desearle buenos días, tengo para decirle que el párrafo precedente es extraído de un comunicado suscrito por trece asociaciones de dueños de farmacias, de distintas poblaciones, -excluye el Distrito Nacional- y la Unión de Farmacias, Inc. El comunicado está dirigido a responder cargos lanzados por la Asociación de Representantes, Agentes y Productores Farmacéuticos (ARAPF). Esta última agrupación pidió a las farmacias bajar los precios de los medicamentos y declaró que eso podía hacerse hasta en un veinticinco por ciento de los valores actuales que se exigen al público…

Sin tomar partido en este pleito, mi querido Magino, se puede llegar a la conclusión de que el mundo dominicano de los medicamentos es bastante complejo y se mueven intereses que eso manda madre y familia completa. Por ejemplo, está la cuestión de los medicamentos falsificados que se comercializan en el país en detrimento de la salud de la población aunque la estafa sirva para enriquecer a unos cuantos salteadores. Pues bien, caro Magino, ayer tarde se lee una declaración de la propia ARAPF, en la cual se sostiene que firmas contratadas para investigar el asunto, han preferido retirarse de la cuestión dada la peligrosidad de la misma. Es decir, se deja sobreentendido que es al gobierno al que le toca la pendejada esa y se puede entender que el gobierno tiene mecanismos para investigar cualquier cosa. Al menos, el contribuyente paga bien caro para que eso se haga…

Las asociaciones que emiten el comunicado defienden sus intereses. Eso es rigurosamente cierto. No por eso, viejo enfermizo y explotado, dejan de exponer puntos que llaman la atención y que no deben tirarse en sacos rotos, aun cuando aquí se tiran los sacos de todas maneras, los rotos y los enteros. Llama la atención, Maginito, que un país pobre como éste, en aras del `libre comercio`, de una globalización sin límites ni fronteras, consuma cien marcas de ampicilina y más de 125 de acetaminofén. Son los farmacéuticos quienes aseguran que más de 150 antigripales, con la misma fórmula, se venden en sus establecimientos. Se supone que cada medicamento de esos está autorizado por Salud Pública. ¿O no?….

Suponemos que los farmacéuticos deben saber lo que dicen y tienen que tener pruebas disponibles de los cargos que lanzan. Por eso, caro Magino, es chocante que los farmacéuticos, clientes también, señalen que algunos suplidores de ARAPF venden medicamentos sin tomar en cuenta los controles legalmente establecidos. ¿Qué pasó ahí? ¿Está Salud Pública de adorno? La cosa es tan seria, según ellos, que ellos mismos afirman que el mercado local solo ha sido usado por ARAPF “para enriquecerse a expensas de los enfermos de la nación, moviendo los precios a su antojo y suministrando medicamento en desafío de las leyes”…

Cuando los farmacéuticos o dueños de farmacias asociados hablan de que los médicos podrían recetar genéricos a sus pacientes, se nos ocurre recordar que la pasada administración pública convirtió un gremio, una institución laboral, en un colegio, caso sin precedentes en la historia criollita. La Asociación Médica Dominicana (AMD), gremialista, fue convertido en un Colegio Médico Dominicano, pero ha seguido éste en su función puramente laboral. Es admirable el celo con el cual el gremio defiende conquistas para sus afiliados, sobre todo en cuestiones salariales. Pero interesante sería que, como Colegio al fin,  pudiera intervenir, desde un punto de vista puramente ético, en el asunto de la prescripción de genéricos que contribuyan a abaratar el insoportable costo de los medicamentos. Cualquier concurso que pueda prestar el Colegio, en este tema tan polémico y candente como es el de los medicamentos, la sociedad lo agradecerá.