Coctelera

Muy bien hizo el expresidente Hipólito Mejía al acudir ayer a la cita con la justicia, en un proceso en el cual él no es el acusado, sino un testigo solicitado por una de las partes en pugna en el match Hernani Salazar-Vincho Castillo. El antiguo jefe de Estado había expresado, en un documento de veintidós páginas, las causas por las cuales no se presentaría a la audiencia, pero luego dio máquina hacia atrás, en una decisión muy correcta. Mejía ha cumplido con su deber ciudadano y ha dado un claro ejemplo de que al llamado de la justicia no escapa dominicano alguno. La asistencia del expresidente Mejía, al mismo tiempo, quitó presión al ambiente político, y desarmó a los carajetes del gobierno y de la oposición, principalmente a insensatos de su propio partido…

El presidente comunista de Cuba, doctor Fidel Castro Ruz, le ha metido tremendo torpedo al gobierno de los Estados Unidos: informes preparados por la inteligencia cubana fueron entregados a los inquietos muchachos del Tío Sam, advirtiéndoles de cositas que tramaban terroristas. Castro, en una sorpresiva y desusada declaración, manifestó que Estados Unidos, en vez de ocuparse de los terroristas, se dedicó a la cacería de los agentes cubanos de inteligencia en Miami y manifestó algo que conmueve a cualquiera: el anticastrismo en Miami fue más poderoso que el propio gobierno estadounidense…

Lea este párrafo y acabemos con eso por hoy: “Castro señaló que al desestimar la información suministrada por Cuba, las autoridades de Estados Unidos perdieron la oportunidad de proteger a sus ciudadanos, al concentrar la atención del FBI sobre los agentes de la isla y no percatarse del entrenamiento que realizaban en Miami los terroristas que protagonizaron los ataques del 11 de septiembre contra Nueva York y Washington”. Ese trágico día, Maginito, después de la destrucción de las torres gemelas en la Babel de Hierro, con miles de muertos en el hecho, y más muertos en los ataques terroristas contra el Pentágono, ese día, viejo amigo, ¡cambió el curso del mundo!…

Migración, mi querido Magino, no gusta de Panchito Riset ni de la más popular de sus interpretaciones. Una señora de la cual se sospechaba que usaba documentos falsos, fue encerrada en un cuartito de lo más mono que tenía Migración en el aeropuerto José Francisco Peña Gómez. La señora murió en ese cuartito que, según se afirma, hasta para depósito era usado y de buenas a primeras se da cuenta de que la autopsia reveló que el fallecimiento se debió a la explosión de bolsitas de cocaína que llevaba en el cuerpo. La Dirección de Drogas se enteró del asunto por la prensa, nunca se le habló del tema, aunque ahora desde Migración se afirma que se dio parte a Drogas de la pendejada. Sucede, Maginito, para sorpresa de todos, menos de los periodistas, que Migración hoy presenta un video donde se muestra un precioso cuartito, bien pintado, refrigerado, con cama de dos pisos y se asegura que allí estuvo detenida la víctima. Migración, mi querido Magino, creyendo que en este país todavía hay pendejos —¿qué no los hay?— no quiere oír a Panchito Riset cantar: “el cuartito está igualito-como cuando te fuiste/la luz a medio tono/la cortina bajita/como tú la pusiste”…

Una de las “perlas” periodísticas que más debe recordarse en el futuro la constituyó el batazo sobre los 411 del Quisqueya disparado en una información publicada ayer en la página 4 de este diario, cuando se lee “Juan Mirasol” por Juan Marichal. ¿Verdad que la metida de pata merece una estatua, sino de nueve pies como la que dedican hoy los Gigantes a Mirasol, perdón a Marichal, cuando menos de nueve patas? Marichal merece congratulaciones en todos los órdenes, pues sin duda alguna ha sido el más grande serpentinero de béisbol en la historia del deporte nacional y uno de los mejores en las Mayores. Por algo es miembro del Templo de la Fama de Cooperstown desde 1983. Quien fuera un espectacular lanzador derecho considera que esa elección y ahora la estatua, son los dos más grandes homenajes que ha recibido. Hay que compartir la alegría que embarga a Marichal. Por cierto, Magino, Marichal es miembro del Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano, desde hace muchos años, aún cuando el jamás hace alusión a eso y nunca asiste a los modestos ceremoniales que tienen lugar el tercer domingo de octubre de cada año. Pertenecer al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano es el mayor homenaje que el deporte quisqueyano y sus organizaciones tributan a los deportistas. Eso es bueno que lo sepa un diputado que alega que a Marichal jamás se le han reconocidos sus méritos en el país y sí en el extranjero.