Coctelera

Escuchad, Magino. Hoy dejo de lado eso de que Hipólito no va el sábado. Que el sábado Leonel estará lejos, en el homenaje que San Francisco de California rinde a Marichal. Que siguen las lluvias y las tensiones que nada tienen que ver con el tiempo. Eso sí, hago reservas para volver con algunas “disposiciones” contenidas en el reglamento aquel que regula los espectáculos públicos, la radio y la televisión, y que es una prueba de que el fundamentalismo no ha desaparecido del todo del partido oficial y, por tanto, de su gobierno. Trataré, aunque parcialmente, de cumplir con mi deber y recordar a un gran amigo ido a destiempo, como dice el clisé de la Farmacia Mella: Fredy Miller Otero, el inolvidable “Milord”…

El Banco Central, mi querido viejo, auspició la publicación de la obra “Fredy Miller, realidad y leyenda, cuentos, poemas y otros textos”, trabajo editado por Jeanette Miller, hija del desaparecido poeta, escritor, locutor, cantante de tangos y de coros, productor y director de televisión, pescador, fanático loco del Escogido y veinte mil firmas más. Jeanette ha editado una formidable obra que recoge textos de Fredy en versos y en prosa, muy especialmente algunos de sus pocos conocidos “cuentos color sepia”…

Cuenta el libro, al mismo tiempo, con trabajos realizados por prestigiosas figuras que enjuician a Fredy. Usted podrá deleitarse al leer los atinados criterios expuestos por el fino escritor que es Miguel D. Mena, dominicano residente en Alemania. Y gozará con la impresionante prosa de Angela Hernández, a quien Miller, según afirma ella misma, impactó con sus “Cuentos Color Sepia”. Podrá usted deleitarse, amigo Magino, al leer los comentarios que, sobre Miller, produjeron Adriano de la Rosa, Rafael Villalona Pimentel, doña Carmen de Gómez Mejía (colombiana), su inolvidable enllave Gustavo Guerrero, Segundo Vázquez, Jimmy Sierra, el siempre recordado estrella del cuento, Ramón Lacay Polanco y la propia Jeanette…

Fredy Miller Otero, mi querido magino, vino al mundo en 1918 y el 5 de mayo de 1959, a los 41 años de edad, desapareció en el mar en forma misteriosa que, al parecer, jamás será aclarada. Siempre me he inclinado por creer que su desaparición, junto a su compañera “diabla de Mar”, una hermana de ésta y dos niños, fue producto de medidas dictadas por el gobierno de Trujillo en los días en que se esperaba una invasión en contra del régimen: nadie podía salir a la mar sin autorización. Fredy desobedeció esa orden por descuido, desconocimiento o lo que fuera. Al conocerse que una embarcación sin autorización viajaba “mar afuera”, se dieron órdenes a la Fuerza Aérea para que la destruyera. Paradójicamente, Magino, el jefe de la FAD, en ese momento, era el general Fernando Sánchez Otero, hermano de Fredy y quien jamás hubiera dado muerte a éste…

De cuanto dice el libro en relación a Fredy poco hay que agregar. Pero, ¿sabía usted, viejito vagabundón, que además de cantar tangos, Fredy, entre su múltiples habilidades contaba con la de cantar en el oratorio “La Muerte de Cristo”, del maestro José de Jesús Ravelo? Pues bien, el inolvidable “milord” formó parte del coro en el estreno de esa obra, el Viernes Santo, 7 de abril de 1939, en la catedral Primada de América. Fredy venía de una familia de artistas clásicos, y en el estreno de esa obra, su madre, doña Julieta Otero de Sánchez hizo de María Magdalena; su tía doña Belisa Otero Damirón personificó a María Cleofás y su primo hermano, el “crooner” Salvador Martí Otero personificó a Jesús. Pero eso no es todo, también en el coro actúo Marina Martí Otero, hermana de Salvador y prima de Fredy…

Salvador Martí Otero, quien poseía una muy bella voz, cantó en distintas emisoras y espectáculos locales y mantuvo un programa por “La Voz Dominicana”, programa en el cual tenía la canción “Perfidia” a manera de tema musical. Se retiró muy joven del arte. Murió hace algunos años. Doña Julieta actúo durante catorce años en el oratorio, siempre como María Magdalena, mientras que su hermana doña Belisa, durante quince veces, personificó a María Cleofás y en dos a María Magdalena. Las hermanas Otero Damirón eran sopranos…

Fredy Miller Otero, creador del imaginario personaje de “El Peje Cajón”, uno de los más finos habladores como pescador, manejador de la ironía con una sutileza que espantaba, Fredy, en la dimensión que se encuentre hoy, al enterarse del trabajo combinado de su obra literaria dirigido por su hija Jeanette y el Banco Central, diabético como era, lo celebrará con su siempre querido “Caballo Blanco” y reirá a mandíbula batiente cuando aparezcan los sabios que tratarán de “demostrar” cómo fue que él desapareció en alta mar en los difíciles días que tanto censuraba con exquisita discreción.