Coctelera

Mi querido Magino,  no hay duda alguna de que cada día que pasa, se aprende algo nuevo. La Universidad Católica de Santo Domingo auspició el XI Congreso Académico-Empresarial y la  charla de clausura de dicho congreso estuvo a cargo del empresario José Luis Corripio Estrada (Pepín).

Al leer una glosa de esa charla, caro Magino, me doy cuenta de que Pepín expone un principio económico al cual denomina “Pobreza artificial inducida”. ¿Sabe usted lo que es esa vainita, amigo Magino? Deje, entonces, que el propio Pepín le explique el asuntito. El jefe de un poderoso conglomerado dominicano manifiesta que la “pobreza artificial inducida” consiste en sacar de los beneficios de los negocios, lo indispensable para mantener una vida  acomodada sin invertir grandes recursos en cosas que no son indispensables para vivir. ¡Eureka!…

¿Cuántos empresarios,  viejo Magino, empresarios grandes, medianos y pequeños naufragan en el manejo de sus negocios por considerar que éstos soportan la adquisición y mantenimiento de aviones, yates, helicópteros y villas campestres en adición a los costos que ocasiona una vida opulenta? Pepín dijo a su auditorio en la Casa de San Pablo, que el proceso normal de capitalización de una empresa debe ser la constante reinversión de los beneficios. Para nadie es un secreto, sin embargo, que hay empresarios que recurren al crédito para capitalizar sus negocios, a los cuales extraen sus beneficios y algo más, y como en este país se daba el caso de empresas que declaraban pérdidas, año tras año, y pese a eso eran sujetos de crédito, ¡a tomar dinero prestado se ha dicho!…

Pepín,  en su charla, recordó que a Albert Einstein le preguntaron que cuál era la fuerza más poderosa que existía y cuando se pensó que respondería que el átomo, el ilustre alemán dijo que esa fuerza era el interés compuesto, que cuando se aplicaba a los préstamos, éstos se multiplicaban y se hacía casi imposible pagarlos. ¿Podríamos aplicar ese postulado a la deuda externa?…

 El Coctelero  no sabe de negocios, pero le da la impresión de que la empresa que opera con sus propios recursos y que no necesita recurrir a préstamos, cuando menos se gana o economiza el dinero que tendría que pagar por intereses sobre el crédito. Mire, don Magino, ¿no sería posible que el Estado se aplicara la teoría de la “pobreza artificial inducida”? A lo mejor eso le permitiría disponer de más recursos para luchar, precisamente, contra la pobreza existente, que no es poca. Eso  sí, excelso Magino, se acabaría el derroche de recursos que hacen nuestros gobiernos. ¡Y punto!