Coctelera

No sé,  mi querido Magino, por cuáles motivos pienso en mi respetado colega y entrañable amigo Radhamés Virgilio Gómez Pepín cuando me dispongo a relatarle un episodio pre electoral. Cuando tuve el honor de dirigir El Nacional auspiciaba una peña en mi despacho.

 Cada sábado en horas de la mañana nos reuníamos periodistas, políticos, empresarios, analistas, artistas, vagos y otros animales dañinos. Jorgito Martínez Lavandier, uno de los habituales contertulios, era candidato a la Presidencia de la República pero tenía la delicadeza de no hablar de eso en la peña. Todos sabíamos que esa candidatura de un hombre cuya honradez estaba más que probada, “no iba a parte”. Otro de los asistentes a la reunión sabatina era el pintoresco y hábil político Ramón A. Castillo, quien no se caracterizaba por su prudencia.

Ese sábado, vísperas de las elecciones cuyo año no recuerdo, Jorgito estuvo muy conversador y alrededor del mediodía se despidió y con su paso lento abandonaba mi oficina. Mon Castillo, sorpresivamente, le llamó la atención y le preguntó: “Jorgito, ¿quién tú crees que gana las elecciones?”. Como movido por un resorte, Jorgito se dio vuelta y con el rostro transfigurado respondió: “Yo, c…, tú crees que este pueblo es pendejo para votar por otro candidato que no sea yo”. Dio las espaldas y salió como un rayo del despacho. Todos nos mirábamos y no encontrábamos palabras para comentar la reacción del querido amigo. Fue Mon Castillo quien rompió el hielo cuando dijo: “A mi me dicen Mon el Loco, pero a quien debían decirle así es a Jorgito, que cree que puede ganar y lo cree de verdad. Yo nunca he querido ser presidente, pero eso sí, lo que busco es ser amigo del presidente”. ¿Usted cree, Magino querido, que las cosas han cambiado?…

Hace ya  algún tiempecito que conversaba con mi querido amigo el doctor Eduardo Delgado Suárez en relación a la crisis energética que nos afecta. Le pregunté al antiguo jefe de Shell en el país y profesor universitario en Atlanta y en España que cómo resolvería él esa crisis. Y no vaciló para responderme que “solo hay una solución, la nuclear”. No hablamos más de eso. Traigo el tema a colación, caro Magino, porque hace unos días se publicaron unas declaraciones del ingeniero Demetrio Augusto Prota Henríquez, quien dijo que el país tiene las condiciones necesarias para iniciar, a corto plazo, la instalación de un parque nuclear, que podría producir energía para venderla a seis centavos de dólar el kilovatio. Manifestó que la energía nuclear no es privativa de los países grandes. ¿Usted que cree, viejo bronco todo el tiempo?