Coctelera

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Me llama mucho la atención el principal titular de ayer de El Caribe: “El empresariado se dirige a línea dura”. Aun cuando los tiempos han cambiado, dicho titular me recuerda los días en que los empresarios irrespetaban el gobierno de Juan Bosch y éste toleraba todos los exabruptos para favorecer la naciente democracia.

No puedo pasar por alto los términos casi amenazantes ulitizados por el finado Luis Augusto Ginebra H. (Payo) casi al comenzar el gobierno perredeista de don Antonio Guzmán. O las “conclusiones” de los Hacendados y Agricultores ante el gobierno de Joaquín Balaguer, con la condena de las leyes agrarias, aunque en este último caso sí les salió el tiro por la culata a los embravecidos empresarios…  No critico a los empresarios, ni a sus cabilderos, por asumir una posición “dura” ante la “rectificación fiscal”. Desde luego, si la dureza es por los cambios que se avecinan en las organizaciones empresariales, ni modo, dicha dureza fue marcada desde antes de concebirse la citada “rectificación”. Sabido es cómo las organizaciones empresariales efectúan sus “elecciones”. La señora Yandra Portela Vila, que ha realizado un excelente trabajo desde la óptica empresarial, no quiere seguir al frente de la Asociación de Industrias y no es desde ahora que se señaló al señor Manuel Diez como su reemplazante en las “elecciones” venideras. La muy dinámica Elena Viyella de Paliza quiere decir adiós al Consejo de la Empresa Privada y ya, en su lugar, se ha indicado a Lizandro Macarrulla, un hábil empresario, pieza clave en la poderosa organización Vicini. No pongo en dudas que el empresariado dominicano se sienta envalentonado para enfrentar al gobierno, cuantas veces sea necesario, pero eso, posiblemente, nada tenga que ver con las cabezas visibles que dirigen entidades empresariales y sí, a lo mejor, a quienes gravitan en forma decisiva sobre las mismas, desde tiempos ha, aunque jamás dan el frente públicamente… Las reacciones del empresariado se ligan, de una u otra forma, con lo que se considera que son actuaciones tildadas como débiles por parte del gobierno del presidente Leonel Fernández. El presidente Fernández, sin duda alguna, tiene su estilo propio de gobierno, pero ese estilo es evidente, choca con los de las administraciones que le han precedido. Se acepta que el gobernante quiera, antes de tomar decisiones, lograr lo que él mismo llama consenso. Eso, no obstante, es algo difícil de lograr en muchas ocasiones. El gobierno trabajó en la preparación de la “rectificación fiscal” junto a sus técnicos y a los del Fondo Monetario Internacional. Preparada esa “rectificación”, el jefe del Estado se dirigió a la nación, explicando en que consistía la misma. Lo más lógico es que al día siguiente de la alocución presidencial, el proyecto fuera enviado a las Cámaras Legislativas. Pero, sorpresivamente, al día siguiente por cierto, se anunció que asuntos enunciados por el mandatario serían objeto de modificaciones. Primera señal de manifiesta debilidad. Luego el presidente Fernández se reunió con empresarios, para tratar de “convencerlos” de lo justo que eran las modificaciones impositivas propuestas. Es claro que no los convenció. Nueva señal de debilidad. Pero la mayor de todas es cuando dijo a los empresarios que trataran ellos de convencer al FMI, como si, en realidad, hubiera sido el FMI el que lograra un 57 por cierto de las votaciones en mayo del 2004. Dos semanas después del discurso presidencial, aun el proyecto no ha sido enviado al Congreso Nacional, para su aprobación o rechazo. Y cabe suponer que es en el Congreso donde los envalentonados empresarios harán cabildeos al por mayor y al detalle. Se comprende que el mandatario dominicano quiera evitar problemas con una clase poderosa, como es la empresarial. Pero nadie se explica que una reforma que va a afectar a las grandes mayorías nacionales, se discuta con un grupo determinado, y se omitan las representaciones de las clases que van a sufrir los efectos de las alzas de precios. Quienes gritan no más impuestos suelen traspasar éstos a los productos que fabrican o venden y el jodido siempre es el mismo: el pueblo que no tiene defensores. Está muy bien eso de buscar consensos para determinados asuntos. Y está muy bien, también, que esos consensos se procuren con el jefe del Estado a la cabeza. Pero el Presidente tiene que saber, por encima de todas las cosas, que un 57 por ciento del electorado lo escogió para que gobernara. Y para gobernar, lamentablemente, siempre habrá que afectar a algún sector determinado. A quien hay que evitar que se le lesione es al pueblo mayoritario. Amén.