Coctelera

“La Cámara  Americana de Comercio tendrá como oradores invitados a los candidatos presidenciales Leonel Fernández, Miguel Vargas Maldonado y Amable Aristy Castro. No hay chances para los rellenos”. Farmacia Mella”…

”Una de las cosas  en que la sociedad anda mal es cuando el éxito se obtiene sin trabajar. Por ahí empieza la descomposición”. Esas expresiones no tienen desperdicio alguno y Pepín Corripio debe sentirse contento de  haberlas usado durante un reconocimiento que a la Distribuidora Corripio hizo la Asociación de Distribuidores de Muebles y Electrodomésticos. ¿Cómo carajo se puede lograr el éxito sin fajarse a bajar el lomito? ¿Cómo puede ir bien, cómo puede progresar una sociedad llena de paracaídas, de vividores que consideran la hamaca como un instrumento para el desarrollo? Mire, Magino, el único milagro conocido es el del trabajo. Conseguir las cosas  con marcada facilidad es entrar en la autopista de la corrupción, que tantos adeptos ha conquistado en este bello terruño donde la impunidad es una virtud y donde reclamar justicia es una debilidad que tolera el sistema…

Creo,  carísimo Magino, que el presidente Leonel Fernández se pasó de la raya cuando dijo que para acudir a un debate con él sus contrincantes “tendrían que saber conceptualizar y si usted observa hay déficit de conceptualización”. Los críticos más generosos del presidente-candidato lo tildarán de inmodesto. El doctor Fernández tiene que prepararse para que sus adversarios lo citen fuera de contexto, como ocurrió con lo del “balaguerismo histórico”. Es muy posible que el doctor Fernández tuviera “fríamente calculadas” sus expresiones y las entremezclara con lo que estima falta de una élite política que provoca una crisis del pensamiento…

Puede  que esos conceptos sean un tanto relativos y hasta exagerados si se les quiere llamar así. Es evidente, sin embargo, que el erróneamente subestimado mandatario jugara con verdades y media verdades cuando afirma que la crisis del pensamiento genera la crisis del debate “y lo mejor es el insulto y la descalificación del otro porque eso abre camino hacia el que no tiene ideas que plantear de cómo se conforma la sociedad”. Subestimar al adversario no es lo más saludable en política y sí puede ser necesario convertirse en el abogado del Diablo antes de sacar conclusiones. ¿O se olvidó usted que el Balaguer calificado como “muñequito de papel” en 1961, se convirtió en un “muñequito de hierro” en 1966?