Coctelera

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Tenga buen día, mi querido Magino. Amanecí hoy con una idea tonta en la cabezuana, una de esas ideas que popularizó nuestro inolvidable amigo Rafael Herrera Cabral. Me entero de que empresarios que están en desacuerdo con la “rectificación fiscal” afirman que el gobierno bien podría paliar sus dificultades económicas —sin nuevos impuestos desde luego— si evita la evasión fiscal en que incurren importadores de distintos productos.

La idea tonta que acaricio es que los empresarios denunciantes bien podrían ayudar al gobierno a conjurar lo que llaman evasión, algo que con Juan Hernández a la cabeza se les agradecería por los siglos de los siglos… Esos empresarios denunciantes conocen las cuarenta en brizca y pueden identificar al cojo sentado. Identificar a los evasores de impuestos no sería convertirse en soplón alguno, sino que, por el contrario, sería esa una medida proteccionista, que ayudaría muchísimo a la competitividad, pues cabe suponer que los evasores pueden irse con precios más baratos para las líneas que importan, en detrimento de los empresarios importadores que cumplen, religiosamente, con las disposiciones fiscales y a los cuales Miguel Cocco trata con gran cariño… Otra ventaja que podrían derivar los empresarios que pongan a los evasores a freír espárragos radica en que el gobierno, al aumentar considerablemente sus ingresos, podría considerar la eliminación de algunos tributos. Fíjese que digo considerar, pues sabido es que el gobierno, cuando muerde, no suelta ni con candela en el mismo sitio que se la colocan a la jicotea. De todos modos, si los empresarios no cooperan con la identificación de los evasores, bien podría una investigación oficial identificar a éstos y entonces cabría la posibilidad de que algunos empresarios sean considerados cómplices, pues conociendo la identidad de los malandrines, prefieren mantener sus nombres en secreto… Eso no significa, Maginito querido, que importadores evasores dejen de lado la ocasión de convertirse en contrabandistas, por más que Miguel les apriete las tuerquitas. Y ahora que subirán los precios de las bebidas alcohólicas y algunas golosinas de las finísimas, esos contrabandistas, abnegados servidores de sociedad, estarán en condiciones de ofrecer sus inestimables servicios a la colectividad. Poco o nada importa que se les persiga en forma implacable, que Miguel Cocco se convierta en una especie de Elliot Ness de los días de la “ley seca”. Esos contrabandistas, a despecho del desprecio que se les brinda, trabajarán en forma incansable con miras a engañar a las Aduanas, sin importarles un carajo que el gobierno desoiga cuantos llamados se les formulan para que instituya el Día del Contrabandista y erija un monumento dedicado a honrar al “Contrabandista Desconocido”. Los empresarios que no quieren más impuestos, mi querido Magino, tienen la palabra: ayudar al gobierno a poner punto final a la evasión o pagar por ser dueños del secreto mejor guardado del Caribe… Cesareo Contreras, el hacendado de Monte Plata, formula una denuncia “capicúa” que nos desorienta: ¿quién o quiénes desean coger para si los terrenos de la Ciudad Ganadera? Tenemos entendido que esos terrenos son propiedad del Estado. O al menos están en poder del Estado desde los días en que el dictador Rafael L. Trujillo ordenó la construcción de la Ciudad Ganadera allí. No recuerdo el año de ese hecho; pero sí recuerdo, en cambio, que la primera feria internacional se efectuó en un redondel construido en la denominada Feria de la Paz, en 1955. Después vino la Ciudad Ganadera, hasta nuestros días. Contreras pide al presidente Leonel Fernández que declare esos terrenos como “utilidad pública”. Y cualquiera se pregunta, ¿por qué? Si se declaran de “utilidad pública” es porque no son del Estado y entonces habría que pagar a sus dueños. Todo eso debe aclararse, pues la Ciudad Ganadera debe permanecer como tal. Eso sí, son los terrenos en poder del Estado, por más proyectos que se presenten. Además, allí pueden presentarse distintos espectáculos, independientemente de las ferias agropecuarias. Ojo al Cristo con las tierras de la Ciudad Ganadera, pues aquí no se roban el clima de Constanza o de Valle Nuevo porque aún no se han encontrado los envases de rigor.