Coctelera

¡Hola, don Magino! Tengo para decirle, mi querido amigo, que el Fondo Monetario Internacional (FMI), en su condición de policía del gendarme mundial, puede proponer cuanto le venga en ganas para los ajustes que considera de lugar en estos países hartos de jobos y sedientos de mando imperial. Pero algo no ponga en dudas, son nuestros gobiernos los encargados de dar las nalguitas o pararse en dos patas ante la arrogancia de los fuertotes.

Por ejemplo, el FMI puede desear que los ITEBIS se eleven del 16 al 18 por ciento y se eliminen todas las exenciones, hasta la del resbaloso molondrón. Total, la mamacita de los jefotes del FMI no tendrán que gastar un solo centavo en este acogedor país, ni siquiera en vaselina para el pelo… Usted, viejo vagabundón, se queja de vicio. Por ejemplo, al ponerle el 18 por ciento a los servicios, cuando usted envíe una guayabana a la lavandería, si por la lavada le cobran 75 de los hediondos, por impuestos tendrá que pagar 13.50 pesos. ¿Buena inversión verdad? Habrá que ponerle el 18 por ciento, según el FMI, al azúcar, al aceite, al café y veinte mil firmas más. Al FMI cuanto le interesa es que el gobierno “equilibre” sus gastos y pueda hacerle frente a la explotadora deuda externa, deuda contraída en forma alegre e irresponsable por distintos gobiernos, para que la paguen los millones de pendejos que desfilarán en varias generaciones, a menos que surjan timbales colectivos y manden los cobradores a casa del carajo, aunque tengamos que pasar trabajo por pipá…q Está claro, viejo Magino, pero muy claro, que el gobierno necesita recursos para enfrentar sus compromisos —incluyendo la jodida deuda externa— pero también está muy clarito que requiere racionalizar hasta el último centavo que entre a sus arcas. Por tanto, se impone que el gobierno dedique todas sus energías a la implementación de un programa de austeridad. Preferible es que reciba las críticas de la oposición —que las recibirá— por ratón, por no gastar dinero, a que le digan derrochador en medio de la miseria de una población. Eso sí, Magino, el gobierno requerirá el concurso decidido de los empresarios —unos más bocones que otros—. Ese concurso tendrá que ser ofrecido con el pago religioso de los impuestos que señalen las leyes. Las autoridades tendrán que revestirse de todo el valor necesario para cobrar a los morosos y partirle la santabárbara a quienes hagan maniobras para defraudar al fisco. El FMI exige el fin de las exenciones. Ni modo, pues el gobierno tiene que corresponder con igual medida, dejando de lado los “incentivos” que benefician a muchísimos pendejos que han hecho fortuna gritando que requieren ventajas para establecer “competitividad”. A esos carajos les llegó el turno, pero es necesario que el gobierno no sea un mamito para conseguir lo que, legítimamente, le corresponde… Mientras tanto, tremenda papa caliente la que está en manos del presidente Leonel Fernández. A él corresponderá, el martes venidero, pelar el guandul a ver si tiene siete granitos. A él corresponderá, también, usar su cabeza para que el trauma que generará la “rectificación” sea lo menos doloroso posible. Por más vueltas que se dé al pandero, cargas caerán sobre los jodidos. Pero justo es buscar la forma de que la mayoría de los tributos recaigan sobre quienes puedan pagarlos. Y si no les gusta, pues que se vayan al carajo con todo y sus asociaciones… Y hablando de poderosos, viejo verde, Verizon “estudia” si acude el 16 al Tribunal Tributario, como ha sido convocado en su litigio con Impuestos Internos. Desde luego, no es la DGII la que tiene el respaldo del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos y de congresistas que ven “inseguridad jurídica” aquí pero nunca en Irak, un país ocupado por las fuerzas imperiales que provocan destrucción y muerte por todos lados. El daño lo hacen las leyes dominicanas, nunca la sangre iraquí o afgana que se derrama para satisfacción del señor Bush junior…q Danilo desea que Dios ilumine a Leonel. Dicho sea con todo respeto, sería lo ideal, pues es casi imposible que sean las Jode las que ofrezcan esa luz a nuestro mandatario… El gobierno de Venezuela prohíbe que en los edificios públicos aparezca la imagen de Santa Claus. También erradica los árboles de Navidad y la bota roja que ya es tradicional a fin de año. Mire, Magino, es evidente que se pasa, con facilidad pasmosa, de lo sublime a lo ridículo… Pensándolo bien, cualquiera desearía que en la actual Suprema Corte de Justicia funcionara una Sala de Garantías Constitucionales. Crear un Tribunal especial, para eso, sería a lo mejor tremenda vaina pues, ¿Qué sería el medio con una corte que modifique las decisiones de la Suprema? ¿Y quién corregiría los posibles errores en que pueda incurrir ese tribunal? ¿No sería la de nunca acabar?