Coctelera

No sé,  mi querido Magino, hasta dónde un Reglamento Electoral es imprescindible para regular la campaña que emprenden los partidos y movimientos políticos ante la celebración de unas elecciones generales o parciales. Tampoco sé si será la Ley Electoral la que necesita cambios para enjuiciar las citadas campañas. De lo que sí estoy seguro es que ese folklorismo electoral que nos domina tiene que cambiar para bien de todos…

Dígame una cosa,  viejo Magino, ¿cuántos nuevos adeptos ganan a un partido las llamadas caravanas? ¿Y cuál es el costo de esas manifestaciones? Todos sabemos que esas caravanas conllevan la movilización de mucha gente, de una población a otra, y que solo en transporte, con la gasolina y el gasoil en permanente escalada alcista en sus precios, se gasta un dineral. No pase por alto que a muchos de los activistas se les entregan unos cuantos pesos en efectivo. Los partidos se ven en la necesidad de que sus caravanas marchen cualquier día de la semana, obstaculizando el tránsito y reduciendo la jornada laboral de muchos negocios. No hay duda alguna de que la eliminación de esas caravanas a los primeros que beneficiaría es a los partidos políticos, que verían reducidos sus gastos en forma considerable. ¿No sería mejor que los partidos efectuaran grandes concentraciones en sitios cerrados, digamos los estadios deportivos, que se obligarían a limpiar tras las manifestaciones. Así no obstaculizarían el tránsito ni necesitarían trasladar miles de personas de una ciudad a otra para hacer bulto…

No son solo  las caravanas las que trastornan la actividad citadina. Los llamados “bandereos” tienen sus bemoles. Muchos de esos bandereos los efectúan en motos, cuyo conductor o pasajeros lleva una bandera grande que obstaculiza la visibilidad en calles, avenidas y carreteras. Es más, se abusa tanto de esa práctica, que por ahí se dice que hay empresas que dan ese “servicio”. ¿Cuántas horas-hombres se restan al trabajo con caravanas y bandereos durante una campaña electoral que no reconoce límites? ¿Es eso justo en un país que necesita brazos para dedicarlos a la producción?…

¿Por qué  las verdaderas campañas no se realizan a nivel programático? ¿Por qué no se enseña al elector la forma en que puede contribuir a erradicar males que le dañan? ¿Hasta dónde es posible una campaña electoral que sea educativa al mismo tiempo? Lo que no es posible, Magino, es el derroche de dinero en las campañas y mucho menos que recursos estatales se usen a favor de un candidato determinado, un estado cultural que tiene que desaparecer para el bien de todos. ¿Puede la Junta  regular todas esas vainitas, desfacer todos esos entuertos? El peor esfuerzo es aquel que no se hace. ¡Manos a la obra!